Un holocausto atómico y un invierno nuclear han llevado al ser humano al límite. Cuando este libro comienza Gordon, un vagabundo
con edad suficiente como para recordar épocas mejores y que añora desesperadamente un hogar, ha sido despojado de lo poco que poseía y abandonado por sus asaltantes a su suerte. Todo parece perdido, todo apunta a que Gordon vaya a morir esa misma noche de frío, hasta que
encuentra el cadáver de un cartero y toma prestado su uniforme.
De este modo vestido, al entrar en el primer pueblo que encuentra en su camino, descubrirá el poder del uniforme, las esperanzas que genera en la gente, lo desesperada que ésta está y, a su pesar, ya que él sólo quiere descansar, se verá obligado a continuar viajando para hacer realidad su mentira, seguirá haciendo su papel y empezará a sentirse responsable de las vidas de los otros.
Y en su viaje como cartero de unos Estados Unidos Restaurados, descubrirá poblaciones casi feudales en las que no existe la electricidad, encontrará un grupo de aldeas que prosperan bajo los consejos de un ordenador que milagrosamente no fue destruido, será testigo del odio y temor que despiertan en todos los brutales holnistas, descubrirá reductos neohippies que sólo quieren vivir en paz al margen de la guerra que les rodea; es decir Gordon, gracias a su disfraz de cartero, adquirirá una visión de conjunto de que ocurre en lo que un día fue un país viéndose implicado en su
historia.
El libro me ha gustado más de lo que esperaba después de haber visto la película de Kevin Costner. Es más completo, tiene muchas más historias y facetas, Gordon no es el único protagonista. Supongo que Costner se limitó a tomar del libro sólo aquella parte que le convenía, una en la que él vestido de cartero se veía accidentalmente obligado a salvar un país y dar valor a una bandera. Costner sólo se hizo eco de una de las ideas que aparecen en el libro olvidándose sin reparo de todo lo demás en donde radica quizás la verdadera historia.