Este libro no es un libro ordinario, y está dentro de los del tipo de
ciencia ficción. Las primeras 100 páginas no son muy
interesantes, probablemente te aburras y no lo entiendas mucho, a causa de que hay algunos términos científicos. ¡Pero no pares de leer, porque te aseguro que cuando avances en tu lectura no serás capaz de detenerte!. Este libro habla acerca de un muy viejo debate entre la
Iglesia y la
Ciencia. La Iglesia ha perseguido a los científicos, porque se siente afectada por sus teorías y cómo ellas pueden afectar a los cristianos. Una gran parte del libro sucede en Roma/Italia, donde un profesor de Harvard, Robert Longdon, y una científica, Vittoria Vetra, dan búsqueda a una bomba química que Vittoria y su asesinado padre habían creado llena antimateria, provando la existencia de Dios con la ciencia, lo cual relaciona la ciencia con la iglesia. Pero esta bomba fue implantada por un grupo terrorista, los illuminati, que eran conocidos por ser anti-religiosos y formados por científicos. Longdon estaba enseñando visiones de la religión y, por supuesto, la historia de los illuminati era su especialidad, como también un muy interesante aspecto. Con su conocimiento, él fue llamado por el director del CERN en Suiza para investigar dentro de esa materia que el asesino del padre de Vittoria, siendo un iluminati, al cual había puesto la palabra illuminati dentro de su tumba. Fue a Roma, investigó, y buscó pistas por pista quién implanto la boma, y quién ultrajó a los cuatro cardenales. Vittoria y Robert están dentro de una sumamente preligrosa aventura. Al final podemos conocer que el camerlengo fue quien implanto la bomba, y contrató a un asesino para matar a los cardenales, y al padre de Vittoria, a causa de que él buscaba hacer una escena para mostrar al mundo como Dios existe, salvando el día en una heroica forma. Aunque incluso las autoridades conocen al final qué estaba detrás de esta catástrofe, ellos no contaron al mundo acerca de ello, pero ellos dejaron que creyeran que había sido un milagro, y que fue la mano de Dios la que salvó el día. Ahora sólo lee el libro.