La nave fue lanzada por los hombres al espacio para llevar colonos a las
estrellas pero algo salió mal y, cuando Tomás Salvador
empieza a hablarnos de ella, lleva setecientos años perdida y sus habitantes han olvidado de donde venían y creen que la nave es un mundo. El libro está estructurado claramente en tres partes diferentes, escritas de tres formas totalmente distintas. En la primera de ellas , Shim se hace cargo de “El Libro”, del “Cuaderno de bitácora de la nave”, pero, en vez de limitarse a ser un escribano, él ira más lejos: se hará preguntas acerca de su origen, recapacitará sobre el tiempo, intentará conocer mejor a las dos razas que habitan la nave, los kros y los wits, antítesis los unos de los otros. La segunda parte del libro se inicia cuando la curiosidad de Shim es castigada con la amputación de sus manos y el destierro a los lugares donde habitan los desconocidos wits. De este modo, descubrirá que éstos no son tan atrasados como pensaba e iniciará una visita a las siete tribus intercambiando sabiduría y conocimientos, periplo tras el cual le nombran Padre de todas las familias. En la tercera y última parte del libro, Shim, ya es Navarca, el unificador de la raza blanca, de los wits y su historia, su increíble historia, llega a los oídos de los kros. De este modo, tras su nombramiento, asumiendo la responsabilidad que supone y después de no pocas pruebas, Shim logra unificar a las razas que habitan la nave y volver a “El Libro”, con la vista fija en las
estrellas en las que algún día su viaje tendrá fin. Tomás Salvador, uno de los grandes de la ciencia ficción española y de la literatura española en general, nacido en un pueblo de Palencia, en 1921, nos habla de este libro del tesón del hombre frente al olvido, de su capacidad inagotable para crecer y evolucionar y, mientras nos hace pensar, nos entretiene.