Alfred Bester nunca se tomó la ciencia ficción demasiado en serio.
Tenía una libreta con argumentos para escribir cientos de cuentos y
novelas. Pero sólo escribió media docena de novelas (tal vez alguna
más) y cuarenta cuentos entre 1939 y 1987, cuando falleció. Demasiado
poco para casi medio siglo de carrera. Dos de esas novelas, El hombre
demolido y ¡
Tigre, tigre! (también conocida como Las estrellas, mi
destino) figuran casi siempre entre las 20 novelas más importantes que
haya producido el género en toda su existencia.
El protagonista de ¡Tigre, tigre!, Gully Foyle, es un navegante
espacial que sufre un accidente y sobrevive durante meses en el
interior de un armario, entre los restos de su
nave destruida. El
Vorga, una nave que podría haberlo rescatado pero pasó de largo, será
el objeto de la furia de Gully y el factor desencadenante de una
metamorfosis personal que lo transformará en un ser despiadado,
vengativo y letal. Es posible comparar la historia de Gully con la del
Conde de Montecristo, ya que también aquí la trama gira alrededor de la
venganza y el perdón.
Pero estamos en el siglo XXV. El capitalismo multinacional controla
bienes y voluntades y los individuos están absolutamente sometidos a
pesar de que un talento inusual ha llegado a cambiar la vida de la
gente. El autor lo llama "jaunting", traducido como "jaunteo", la
capacidad de teletransportarse mediante el uso de
poderes mentales, lo
que ha trastornado por completo a la sociedad, al obligar a drásticos
cambios en la vida cotidiana y afectando desde los transportes y las
comunicaciones hasta el diseño de las casas, habida cuenta de que ya no
son necesarias las puertas para entrar y salir de las viviendas.
Utilizando un estilo audaz e irreverente, Bester logra conjugar las
trepidantes aventuras que viven sus personajes con una aguda crítica a
la sociedad de ese tiempo... críticas que no sólo no han perdido su
filo, sino que han tendido a verificarse en una realidad, la nuestra,
que se parece cada vez más a la novela.
Foyle se relaciona con el "Pueblo Científico", vive con ellos y su
rostro adquiere la apariencia de un tigre. Regresa a la Tierra ardiendo
de deseos de vengarse, aunque no es sencillo, porque queda socialmente
marginado a causa de su apariencia. Se relaciona con Robin Wendsbury,
una telépata parcial, ya que sólo puede emitir y, ante el horror de la
mujer, la hace partícipe de sus planes de venganza y prácticamente la
obliga a secundarlo.
Las similitudes con la obra de Dumas ya mencionada se refuerzan cuando
tras un frustrado atentado contra Presteign, dueño de la nave Vorga,
Gully es enviado a Gouffre Martel, un planeta que contiene una prisión absoluta, un laberinto
de piedra maciza en la que permanece en la más absoluta oscuridad;
nadie ha logrado huir de allí.
En la prisión conoce a Jisbella McQueen, una ladrona experta, y bajo su
tutela aprende a controlar sus poderes, a ser paciente y esperar su
oportunidad. La oportunidad llega y nuestro héroe logra huir del encierro.
Es imposible reseñar en pocas palabras la enorme cantidad de peripecias
que viven Foyle y los demás personajes en esta compleja novela. Bester
no ahorra nada. El Vorga que lo abandonó estaba capitaneado por Olivia
Presteign, la hija del todopoderoso dueño de la empresa, de quien
Gully, como cualquiera pudo haber adivinado, se enamora.
El remate marca la concreción de la venganza y la apertura del camino a
las estrellas, aunque sería injusto para los lectores revelar nada de
ese imponente final. De vengador a liberador y guía de la Humanidad. No
es poca cosa.
Sergio Gaut vel Hartman
Publicado el: enero 20, 2006
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