Parpadeos, guiños, fuegos de artificio. Con las aproximaciones a un
libro como "Páginas perdidas" de Paul di Filippo ocurre lo mismo que
con el análisis de un fenómeno cuántico: el observador influye, ¡y cómo
influye!
Estamos ante diez ucronías que, por definición y
desde un comienzo reniegan del "gran punto de inflexión" y soslayan la
posibilidad de que Inglaterra se vuelque al catolicismo, que los
confederados ganen la Guerra de Secesión o que Hitler logre invadir los
Estados
Unidos y se los reparta con Hiroito... ¿Cuáles son los
"pequeños puntos de inflexión" que prefiere Paul di Filippo? Un par de
tíos perspicaces advierten que el peligro no debe ser subestimado y se
llevan a Ana Frank (la célebre niña que escribió un diario hasta el día
de su muerte en un sótano de Amsterdam) a Hollywood, donde con
llamativa facilidad se convierte en estrella de cine, reemplaza a Judy
Garland en El Mago de Oz, se casa con Mickey Rooney, tiene un affaire
con Vincente Minnelli y una hija a la que llama Liza. No se trata de
escribir OTRA HISTORIA, sino otra historia de Ana Frank. Antoine de
Saint-Exupery, el autor de El Principito, más fiel a su condición de
piloto de avión que a ninguna otra, llega a Kenia, donde un grupo de
flemáticos y corruptos ingleses, resistentes a una plaga que acaba de
acabar con la población de Europa, tienen serias dudas de abandonar su
vida placentera y dedicarse a repoblar el mundo. Por allí anda un Jimmy
Ballard adolescente, aunque no tiene casi ninguna importancia en la
trama. Y mucho más: Robert Heinlen, convertido en presidente de los
Estados Unidos, envía a un grupo de saludables hombres y mujeres a
colonizar la Luna... engañados; Franz Kafka es una especie de
superhéroe, con identidad secreta y todo, en la década de 1920. William
Barroughs, Jack Kerouac y Neal Cassaddy se drogan con todo lo que
encuentran, pero evitan que el
mundo caiga en la era nuclear, para bien
o para mal. Algo parecido hace un viajero del tiempo que llega de 1985
a 1915 y se dedica a asesinar a Einstein y a cuanto físico pudo haber
tenido relación con el Proyecto Manhattan, por lo que tenemos Tercera
Guerra Mundial en 1965, pero con armas convencionales. Los platos
fuertes parecen ser un emotivo homenaje a John W. Campbell jr. de parte
de un escritor navajo, un pastiche bastante intragable con Alfred
Bester, Ted Sturgeon y Alice Sheldon (con un bastante fugaz cameo de
Úrsula K. LeGuin) alcanzando la comprensión y la gestalt unidos en un
cuerpo divino... etcétera y un relato "dickiano" que está muy bien
imitado, en el que el
gran PKD alternativo es ferretero y se ha casado
con Linda Ronstadt, que no es cantante y pesa más de 100 kilos.
No hay dudas de que Paul di Filippo es un
intelectual astuto, capaz de fabricar un producto irreverente y
divertido que hará las delicias de los lectores habituales del género.
Pero hay que aceptar que para que las diez historias alternativas
acerca de un mundo que no fue lleguen a sus respectivos remates ha
tenido que forzar muchas piezas y violentar la naturalidad narrativa,
en especial abusando del truco del hecho inverso. También hay que
aceptar que el libro se lee de un tirón y que nunca aburre... si se
pueden superar los excesos autoreferenciales.
Dos palabras acerca de la edición. Sin mala leche y
con afán de ayudar para que se superen los errores en la próxima. La de
Eugenia Arrés López no es una gran traducción, pero que ella misma sea
la correctora de estilo... En la página 132 hay un festival de erratas.
Desde una mala conversión de pies a centímetros que nos deja al cuerpo
especial de WACs, una Guardia de Honor Presidencial, la èlite de las
èlites, formada por individuos impresionantes y "curvilíneos" de un
metro setenta de estatura (¡yo soy más alto que eso!) hasta descubrir
que los personajes que viajan en el avión son Hank, Elsie y Hank (sic)
sólo han transcurrido cinco líneas. Eso sin contar con la desprolijidad
de las sangrías, los guiones
mal ubicados y párrafos de diálogo sin
indicaciones. Se puede mejorar, hay que poner empeño.
En síntesis y mordiendo la cola: parpadeos, guiños,
fuegos de artificio. Alguna gente se divierte aún con menos.
Sergio Gaut vel Hartman.
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