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Síntesis y críticas breves

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La rosa de las nieblas

por : sergiogvh     

Autor : Lola Robles
Decir que La rosa de las nieblas es sólo una agradable sorpresa
disminuiría el efecto que me causó la novela de Lola
Robles. Aparecida
en una colección con más intenciones que tantos anotados (Las
Marcianas, Editorial Kira), pues hasta donde pude averiguar es, por
ahora, la única obra de ciencia ficción publicada, la novela se
aventura en un territorio harto peligroso y sale airosa.
La cuestión inicial debe ser resuelta en un plano,
digamos, extraliterario, y merece ser considerada con esmero por la
gente de la ciencia ficción en tanto y en cuanto una novela de ciencia
ficción casi deja de serlo por haber cometido el pecado de no ser
editada por una casa especializada. No he visto, excepto un artículo de
Francisco José Súñer Iglesias en ciencia-ficción.com y una breve reseña
en Cyberdark, otros comentarios en la web, aún cuando existen infinidad
de libros mediocres que reciben una atención preferente por haber sido
escritos por Don Smith o Mister Jones. Bien: es hora de hacer
autocrítica. El libro de Lola es una novela en serio acerca de una
misión plenipotenciaria que llega al planeta de exilio de un pueblo
condenado, los niflungar, con el propósito de unirlos a una cruzada que
debería culminar con la destitución del tirano que gobierna a la
Comunidad Humana, casualmente un niflungar... No se pretenderá que
resuma aquí las densas 360 páginas del libro. El libro es preciso en la
descripción de los cuatro viajeros (no pertenecen al mismo mundo; la
humanidad se halla diseminada por la galaxia y se ha diferenciado de un
modo rotundo, aunque creíble) y en la de la geografía, flora y fauna
del mundo de los niflungar. Y también se toma su tiempo con las
características de este pueblo y en las razones de su condena. Los
embajadores han llegado a Niflheim, el planeta de los niflungar, en un
momento en que las doce Casas (en realidad doce feudos, bastante
parecidos en estructura a los del Japón anterior al siglo XIX) están
comprometidos en varios frentes de lucha. Los niflungar luchan entre
sí, entre las Casas, también con un grupo de esclavos que se han
rebelado contra sus amos y luchan contra sus propias mujeres, quienes
han entrado en una etapa de cuestionamiento del autoritario patriarcado
al que han estado sometidas. Hay un problema étnico: los esclavos no
son niflungar, sino nokvaar, traídos a Niflheim por traficantes
dispuestos a violar la veda (que nunca faltan, ni en las novelas ni en
la realidad) y las mujeres han desarrollado la fathia, un conjunto de
conocimientos relacionados con la magia que ha permitido que un buen
número de ellas haya abandonado sus hogares, buscando refugio en las
montañas y haciendo frente al poder de los varones. Como se ve, una
trama rica y compleja.
Lola Robles no logra resolver a la perfección todos
los problemas que plantea. Algunas de las razones de los viajeros,
emisarios de la organización libertaria llamada Harsa Alasat, no son
del todo convincentes. El que aparece sobre la marcha como un recurso
efectivo para derrotar al tirano Ingvar (la utilización de la fathia)
no pudo ser el motivo del viaje, ya que los viajeros ignoraban que
existía. Las luchas, que ocupan el cuarto final de la obra, no siempre
se atienen a un rigor lógico y se nota una falta de familiaridad con
ese aspecto (mal hago en criticar esto; también reconozco esa falencia
en mis obras) y toda la resolución parece precipitada, incluido el
cambio del rol sexual de la protagonista, metido como de apuro y a la
fuerza.
No obstante, todas estas objeciones aparecen como
menores ante el poder de la historia en sí y la capacidad de Lola para
contarnos lo que les ocurre a los personajes. Justamente estos
viajeros, los niflungar y los nokvaar; mujeres y hombres, se me
antojaron mucho mejor desarrollados y más lujosamente descriptos que la
mayoría de los que habitan las novelas anglosajonas. Salta a la vista
que no son tratados con maniqueísmo; se los muestra intrincados,provistos de rasgos contradictorios, pasionales y por momentos
desequilibrados, como las personas, ni más ni menos. En algunos
momentos, La rosa de las nieblas me hizo acordar a Muerte de la luz de
Martin; en otros a La mano izquierda de la oscuridad, de LeGuin. No
cito esto como si fuera algo desdoroso o vergonzante, muy por el
contrario. La evocación de buenas novelas que se han leído y no se
quieren ni se pueden olvidar, habla a las claras de que estamos ante
una obra muy meritoria. Lamento, eso sí, que por ahora no parece estar
al alcance del público argentino. Veremos si se puede salvar ese error.
Pero me atrevo a sugerir a los españoles que lean esto que se permitan
"descubrir" un libro que no estaba en los planes de nadie y que, por
ignorancia, por no haber sido publicado en una colección especializada,
como ya señalé, y por no pertenecer la autora al mundillo que nos
convierte a veces en un ghetto, ha quedado fuera de análisis y
consideración.
Sergio Gaut vel Hartman
Publicado el: enero 18, 2006

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