En un futuro cercano, año 2025, la tercera
guerra mundial recrudece, y
la Tierra, plagada de virus y radioactividad,
resulta inhabitable. Eso
es, al menos, lo que cree la mayoría de la población mundial, confinada
en tanques subterráneos para su propia protección y dedicada a la
fabricación de los robots que pelean en la
guerra que se libra en la
superficie. Los habitantes de los tanques sólo saben del exterior lo
que se ve en los informes
televisivos. Pero Philip K. Dick no se preocupa por mantener el
suspenso durante mucho
tiempo, ya que no tardamos en que saber que la
información no es más que un cumulo de sistemáticas mentiras ideadas
por profesionales del artificio, los Hombres de Yance, guardianes de
una realidad radicalmente distinta al servicio de un grupo de poder que
domina la totalidad del planeta. La guerra terminó hace diez años y el
planeta es un gran jardín en el que los robots, veteranos de la guerra,
sirven de criados a los "valientes políticos" en sus magníficas fincas
de miles de hectáreas.
Dick logró con esta obra una magnífica anticipación
(recuérdese que fue escrita en 1964) de los temas de la guerra
psicológica, la manipulación mediática y los abusos de poder.
Nicholas Saint-James es el presidente del tanque
Tom-Mix, del que se ve precisado a salir en una misión que él y sus
compañeros estiman como casi suicida, para conseguir un páncreas
artificial para un técnico que acaba de morir (ha sido puesto en
criogenia) y resulta vital para cumplir con la cuota de fabricación de
robots. La salida de Nicholas al exterior es una especie de reescritura
de la alegoría de la caverna de Platón, en la que el personaje, al ver
por primera vez a la luz, descubre que ha vivido en un mundo ficticio,
creado para mantenerlo a él y a grandes masas de población fuera del
curso de los hechos. Ese engaño es, a su vez, una metáfora de los
sistemas que dejan a las mayorías en la marginalidad al tiempo que las
inducen a creer que intervienen en las decisiones mediante mecanismos
de participación ficticios.
En La Penúltima Verdad, como ya había ocurrido en los
relatos "Los Defensores" (1953) y "The mold of Yancy" (1955), los seres
humanos viven dentro de una tremenda patraña urdida para manipularlos.
Uno de los temas recurrentes en Dick aparece aquí con toda la potencia
de su capacidad creadora: la manipulación de las noticias y el engaño
como sistema. En uno de los capítulos, un personaje le muestra a otro
un documental de la segunda guerra mundial cuya visión es obligatoria
para los miembros de la èlite gobernante y le prueba que el mismo es
totalmente falso y que su falsedad alteró el destino de diversas
naciones. Esto indica que la manipulación se refuerza a sí misma y los
ejecutores son a su vez manipulados por los que ocupan la cúspide del
poder. David Lantano, el líder salvador que ha llegado para romper con
la hegemonía de Stanton Brose, es un inmortal que ha podido llegar a la
época en que transcurre la novela gracias a una imprudencia de los que
operaban una máquina del tiempo. Dentro de las habituales
desprolijidades de Dick esta es una de las peores, pero una vez más la
riqueza de los elementos en juego nos lleva a "hacer la vista gorda" y
pasarlo por alto. Lo que le interesa a Dick es trabajar sobre el
personaje de Lantano quien no vacila en asesinar para conseguir sus
objetivos, amparados por una supuesta caritas hacia la gente confinada
en los tanques. De alguna manera tenemos que llegar a la situación de
quiebre, en la que alguien que no lo parecía en un principio, fuera
tanto o más poderoso que Brose. No obstante, la lucha por el poder que
se desata vaticina que las cosas no serán diferentes para los millones
de "enterrados" en vida: una nueva camada de dirigentes reemplazará a
los anteriores y si bien se renovarán los códigos y se cambiarán las
formas, la manipulación y el dominio permanecerán incólumes. En los
últimos párrafos Nicholas analiza los posibles movimientos futuros de
los poderosos y concluye de que serán capaces de todo con tal de
conservar el poder, pero lo remata con una reflexión extremadamente
inocente: "No lo harán. Porque nosotros no se lo permitiremos". ¿Sabe
acaso que está a punto de pasarse de bando?
En definitiva, David Lantano y Joseph Adams, Louis
Runcible y Webster Foote e incluso Nicholas Saint-James, en cuanto
comprenda de qué lado debe estar para obtener el máximo beneficio, y
hasta Stanton Brose, a quien nunca sabremos si asesinaron o no sus
enemigos, ya que los acuerdos en la cumbre siempre son posibles,
seguirán siendo los dueños de vidas y voluntades sin que importe cuanto
se empeñen los afectados en revertir la situación: son los que poseen
la información; ellos saben lo que hay que hacer...
Sergio Gaut vel Hartman