Más que la sinopsis de un libro, esto es una reivindicación que
trasciende lo literario. Daniel Alcoba es un argentino
que vive en
España y en Argentina nadie lo conoce. Seguramente es lícito afirmar,
por lo tanto, que no tenemos tantos escritores publicados por Minotauro
como para despilfarrar alegremente los pocos que hay...
Pero no se trata de desempolvar chauvinismos que por lo general a los
argentinos nos quedan apretados... La Montaña del Origen es la bitácora
del viaje que realiza un antropólogo español a un lugar no identificado
del sudeste asiático gracias a una beca otorgada por una fundación que
financia una multinacional japonesa fabricante de motos. El antropólogo
ha descifrado unas inscripciones grabadas sobre una pieza de porcelana
del siglo XVI según las cuales en un monte sagrado vive un hombre que
"crea vida".
Pero la expedición que describe Alcoba no es en absoluto un viaje
convencional a sitios que la globalización pone al alcance de la mano
con sólo usar Google. Al autor le encanta crear información falsa y
citar libros que no existen y eso abunda en la Indochina ficticia de La
Montaña del Origen, hasta el punto que recuerda al Apocalipsis Ahora de
Francis Coppola, a Brando y a Sheen y a la incongruencia de los
europeos que entienden los idiomas orientales aunque no les sirva de
gran cosa, como le suele ocurrir a ciertos personajes de Ballard, al
que Alcoba cita en una referencia a El Mundo Sumergido que justamente
hoy
parece más profética de lo conveniente.
Tampoco es un viaje extravagante destinado a describir maravillas que
alucinan a las damas devoradoras de bestsellers o a los caballeros que
leen ficción sólo para deslumbrar a señoritas veinticinco años más
jóvenes que ellos...
A medida que se abren las puertas, se bifurcan los caminos y se
despliegan los paisajes de esta geografía inventada, remedo de lugares
reales, descubrimos que el fin no son los exotismos ni la construcción
de un mensaje new age al tono con los consumidores y sus consumos. Muy
por el contrario. Detrás del viaje está la corporación Takajuta y
detrás de Yukío Takajuta, un japonés rubio, multimillonario y
homosexual, caprichoso como una quinceañera y delirante como el mejor
villano de las películas de James Bond, late el bizarro deseo de
fabricar úteros artificiales que permitan tener hijos a los varones
homosexuales. ¡Eso parece ciencia ficción!
Alcoba juega. Sabe gobernar los factores y desencadenar las tormentas,
conoce los mejores métodos para propinar golpes bajos, y no le tiembla
la mano a la hora de hacer girar la trama en ángulos obtusos, aún a
riesgo de arrojar a los lectores por la borda. Alcoba juega y sabe
jugar...
Manejar los recursos de la especulación y la conjetura para crear una
novela que no es estrictamente de "ciencia ficción" pone en evidencia
que estamos, en efecto, ante un jugador audaz, alguien a quien le da
placer transgredir, imaginar lo que no existe para mirar la realidad
desde ángulos no convencionales. Sé que a Alcoba le gusta meterse con
las religiones y el gordo dios encarnado que empolla patos sagrados en
La Montaña del Origen es una síntesis de creencias deformadas que
funcionan como espejos. Y del otro lado del espejo, como si de un
universo Carroll-Sapkowski se tratara, también hallamos samurais
maricas, guardaespaldas que cultivan el erotismo colectivista,
hoteleros que encabezan insurrecciones populares, hetairas comedoras de
ratas y docenas de personajes más originales que extraterrestres de
Rigel y más contradictorios que seres humanos.
No se priven de la experiencia de leer La Montaña del Origen, la novela
de Daniel Alcoba, un escritor nacido en La Plata, Argentina, y
expulsado al mundo por culpa de experiencias que sería imposible
reseñar en este espacio.
Sergio Gaut vel Hartman