A lo largo del recorrido de Humor de Transferencia, Para leer e el diván, Roberto Tribastone despliega una fina ironía acerca
de las vicisitudes de los tratamientos psicoanalíticos, los psicoanalistas y los pacientes también. Se sirve hábilmente del
lenguaje con un tinte ácido, mordaz, irónico. Alterna entre la sutileza y los comentarios despiadados. Juega con los malosentendidos generados por las palabras, para encontrar, alternativamente, lo cómico, la risa o el humor.
El Lic. Tribastone advierte desde el comienzo que en su libro no se encontraran casos clínicos ni desarrollos teóricos extensos. Sin embargo, a través del humor y los juegos del significante, se pueden advertir experiencia y trabajo de consultorio. Se intuye que junto a la mano que escribe hay un oído bien ejercitado en un psicoanálisis que sobrevive como herramienta de labor a la hora de ayudar a los pacientes a hacer algo distinto con sus síntomas.
Como el escritor nos adelanta en su prólogo, serán los significantes con toda su riqueza y amplitud, con la ambigüedad y los malos entendidos que generan, con las homofonías, el equívoco y la polisemia del lenguaje; serán ellos quienes le dan el tinte de chistoso o sarcástico a un decir .
En la composición del texto el
psicoanalista logra mucho más que una mueca de sonrisa; logra demostrar a través del humor la importancia de trabajar sobre el significante, de jugar con el lenguaje para producir nueva significación.
El libro resulta muy divertido para leer entre analistas o entre amigos psicoanalizados. Apela a un humor inteligente, a veces sutil, otras, no tanto. Las historias narradas, además de ser buena literatura, rompen preconceptos y obligan al lector, psicoanalista o psicoanalizado, al sano ejercicio de reírse de uno mismo.
Un hallazgo muy interesante este libro de Tribastone.