Matadero 5 es, probablemente, la novela más autobiográfica de Kurt
Vonnegut. Su alter-ego, Billy Pilgrim, un sobreviviente
de la Segunda
Guerra Mundial, es capaz de vivir en varios sectores de la cinta del
tiempo, en realidades no paralelas, sino superpuestas, ya que tanto
puede estar perdido en la cruda y sucia incertidumbre del bombardeo de
la ciudad alemana de Dresde, trabajando como óptico muchos años después
de aquella guerra, o en el planeta Trafalmadore, donde unos alienígenas
lo exponen en un zoo para solaz de seres de otros planetas.
Vonnegut era casi un niño cuando estalló la guerra y, por su condición
de testigo y protagonista, jamás pudo sacarse de encima las brutales
vivencias que desconocen a los héroes y a los cobardes, a los
vencedores y a los vencidos. Por ese motivo su novela sobre la guerra
no ocurre sólo "durante" la guerra, sino que abarca toda la vida de
Billy, incluyendo su futuro, lo que aún no sucedió, desde nuestra
limitada perspectiva.
Tal vez podría decirse que Vonnegut eligió una estructura innovadora
porque es un gran
escritor. Pero en realidad él mismo se ha encargado
de demostrar que sólo usó una forma que fuera funcional a lo que
deseaba transmitir. No se trata de una novela de "viajes en el tiempo"
al modo tradicional, pero tampoco de un libro externo a la corriente
principal del autor, ya que tanto los trafalmadorianos (que ya estaban
en Las sirenas de Titán), como el escritor de
novelas de ciencia
ficción Kilgore Trout (que aparece en otras novelas y es fundamental en
Desayuno de campeones) y Eliot Rosewater (protagonista de Dios le
bendiga Mr. Rosewater), demuestran que el propósito es relacionar esta
ficción con todas las demás, articulando un fresco a la vez cínico y
crudo, holográfico y puntual de las miserias y grandezas del género
humano. Por eso Vonnegut no es un escritor "de género". La ciencia
ficción, de la que él entra y sale a gusto y placer, sólo es un recurso
más entre los muchos de los que se vale para demostrar la relatividad
de las cosas que estremecen a los humanos y de los fenómenos en los que
parecemos estar inmersos. Tiempo y espacio, muerte y valores pasan a
ser diminutas piezas de un gran puzzle que, por más que nos empeñemos
jamás lograremos abarcar por completo.
Vonnegut suele acompañarse de muletillas y sonsonetes casi sin sentido:
"así va la vida", "unos suben, otros bajan", su mirilla se cerró". Ese
es su humor, esa es su manera de quitarle seriedad a las cosas
terribles que transmite. Ha sido capaz, en la docena de novelas que
escribió, plasmar todo el inconformismo, la rebeldía y la desobediencia
de quien sabe que vive en la sociedad más rica y poderosa del mundo,
pero formada por pandillas de monos borrachos armados con navajas, lo
que le ha llevado a decir que el estado en que se encuentra su país lo
hace sentir como si estuviera controlado por un ejército de ocupación
que se ha apoderado de los medios de comunicación.
En Matadero 5 Vonnegut cuenta la locura del bombardeo de Dresde.
Murieron allí ciento treinta y cinco mil muertos, el doble de las
víctimas de Hiroshima. Él estuvo allí y lo sufrió. No volvió a leer el
libro después de escribirlo.
Autobiografía. Novela antibélica. Catársis. Estudio psicológico del
tiempo y la ficción. Todo esto y más es Matadero 5. Un libro que escapa
a las calificaciones y a las ponderaciones. Pero de algún modo un libro
que después de ser leído deja la sensación de que antes no se ha leído
nada.
Sergio Gaut vel Hartman