La historia edulcorada con la chispa juvenil de una jovencita al trasladarse del Phoenix maternal al bucólico ambiente del
Forks paterno, donde conocería en la impresión de los ojos cambiantes de Edward Cullen un amor intenso y capaz de romper las barreras del deseo en toda su dimensión.
Así comienza el relato en la extravagancia de una familia (Emme, Rosalie, Jasper, Alice, Edward, Esme y Carlisle; estudiantes de preparatoria los cuatro primeros, siendo el último su protector y cupido); unos amigos de relleno y sin mayor ascendencia ( Jessica, Mike, etc.); un clan rival (cuya dieta principal era la sangre humana); y una leyenda contada por el
joven Jacob que pronto y mediante la mente acusiosa de Isabella Swan se transformaría en la realidad que asusta y que atrae. Edward, habiéndo vivido la adolescencia que no termina, y cuya cualidad principal era la de leer las mentes, no así en el caso de Bella, despertaba la pasión al borde de no comprender la joven los cambios de humor y el constante vigilar desesperado en el desespero dual del que da y del que quita. Carlisle, que le había ayudado en el disipar del deseo, resurgiría en la ocasión que casi le ocasiona la muerte a los que querían abusar de Bella en Port Angeles, contensión evidente en la presencia de la amada.
Luego del encuentro esperado con la familia de Edward, comenzaría la acción en la astucia de James, flamante cazador vampiresco, que se esforzaría en lograr su objetivo, logrado alfin, pero que gracias a la voluntad de nuestro héroe y con la ayuda del clan en conjunto y en compañia de Carlisle, disiparía el vestigio al temor que le embargaba desde que conoció a Bella, controlando el deseo al limpiar la sangre de la presa en la agonia.
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