Saben amigos lectores lo que es estar
enamorado de una mujer. Lo extraordinario que se siente cuando ese
sentimiento llamado por todo el
mundo amor, se incrusta en el corazón de un hombre con intención de permanecer por una eternidad. Han sentido esa necesidad asfixiante de querer estar siempre con la persona amada, compartir con ella momentos, charlas, vivencias, etc. O simplemente verla sin decir una sola palabra. Verdad que es maravilloso poder compartir todo eso, cuando alguien nos corresponde y nos abre las puertas al amor. Pero imaginen esto por un instante: se enamoran de alguien, cuyas creencias religiosas están por encima de cualquier sentimiento gestado por los sentimientos. Las cosas cambian señores, cambian hacia la más sufrida de las vivéncias que un ser humano puede alcanzar a sentir. Les confieso que estoy pasando por esa calamitosa situación. He querido contarles mi situación porque el diario vivir se me hace insoportable, y he tocado el fondo del abismo donde la oscuridad es la única acompañante.
Todo comenzó hace unos tres años en la universidad donde estudiaba ingeniería, culminaba los últimos semestres y estaba
muy contento porque por fin obtenía el titulo de ingeniero. Ese semestre llega una chica a trabajar al salón de fotocopiado. Su aspecto era muy delicado, era rubia y de caracter aparentemente fuerte, blanca y de estatura media. Con una sonrisa espectacular que quebró en ese mismo
momento mi corazón. No perdí tiempo y a los pocos días me presente como todo caballero y ella ofreciendo una hermosa sonrisa hizo lo mismo. En las largas charlas que teníamos en las semanas sucesivas pude averiguar que no era casada (aleluya) y que no tenia novio (aleluya...aleluya) pero lo terrible fue lo directa que fue cuando me dijo: soy
Testigo de Jehová. Realmente no me sorprendí. Había estudiado años antes la Biblia con un testigo de Jehová en otra ciudad, pero debido a mis circunstancias personales deje el estudio. Sabia de lo cerrados que eran los testigos de Jehová con respecto al mundo. Pero en ese momento no me importaba pensar en eso, solo me extasiaba con escuchar su voz y verla, eso era suficiente para mí.
Nos intercambiamos teléfonos ese día. Nos despedimos y le prometí que la llamaría esa misma semana. Esa noche llegue del trabajo, y mi desespero por llamarla crecía mas y más. De repente repica el teléfono, y era ella, con su dulce y tierna voz. Me llamaba para saludarme. Dios pueden creer, me llamaba a mí. Desde ese día, no había en mi cabeza otra cosa más importante que ella. La recordaba en la mañana, en la tarde, en la noche. A cada instante, cada segundo que transcurría con letargo desesperante.
Pasaron los meses, y nos manteníamos en contacto vía teléfono casi todos los días, mis cuentas telefónicas se multiplicaron por cuatro. Pero no me importaba. Un día tome la firme decisión de confesarle mi
amor por ella. Así es que tenia que dar el próximo paso. Aún sabiendo las reglas rigurosas que los testigos de Jehová tienen cuando se relacionan con los humanos de este mundo. Pero la declaración no fue en persona sino a través del teléfono. No sé, quizás las circunstancias del momento hicieron que eso fuera así. Le dije que estaba profundamente enamorado de ella, que desde la primera vez que la vi no paraba de pensar en ella. Ella guarda silencio; y eso para mí era un látigo que golpeaba con sumo dolor. Me dijo que estaba muy halagada por ese sentimiento, pero que no podía responderme en ese momento. Esa respuesta me dejo, en la mas profunda inquietud. Me sentía como un pequeño bote a la deriva en mar profundo. Azotado por el viento y por el frió. Las horas siguientes fueron de desesperación y especulación.
Más sinopsis sobre Enamorado de una Testigo de Jehová. ParteI