Robinson de Neurus, seudónimo del autor nacido en el norte de Chile.
Durante muchos
años ocultó esta creación en un baúl perdido, hasta que
fue encontrada por Guy, un nieto que se atrevió a ponerla en la luz... Esta
historia de amor, fueron quizás parte de las raíces perdidas del abuelo: A XX, en memoria a esos amores que marcan la existencia de las personas…I. SOLO FUE UN MOMENTO…
Estaba terminando ese
corto verano y ya en la costa
de la región de Pays de la Loire cerca de Nantes
se sentía una brisa
otoñal. Sentados en un pequeño café de la ville de Saint Sébastien, Loretta
le pedía a Sebastián, que la dejara…-Lo nuestro ya no puede continuar-. Loretta,
¿me amas? -Yo no hablo de sentimientos-…
Habían sido tres años
intensos. Sebastián aún percibía el aroma de su último encuentro, del contacto
con su piel delicada que generaba un intenso perfume que quedaba impregnado por
días como un bálsamo embriagador, todavía veía esas bellas pecas en su espalda,
y sobre todo, sentía la pasión quemante de su cuerpo. Loretta ese día lo había
abrazado con fuerza, sus ojos color miel sólo transmitían ternura y una cierta
tristeza…Era su despedida, y sólo ella sabía la dolorosa decisión que estaba a
punto de tomar en unos días más.
Debía alejarse, sus
hijos la reclamaban y su marido la apremiaba cada vez más, su doble
vida se
estaba tornando insostenible y tenía que tomar un camino definitivo…Su
matrimonio hacía años que no marchaba bien y conocer a Sebastián fue un renacer
del amor, el volver a sentir que era una mujer plena, que sentía, que podía
gozar con su intimidad más profunda. Al comienzo, sus encuentros eran llenos de
pasión, mas se avergonzaba de su cuerpo, de darse espacios de goce, y sobre
todo, jugar haciendo el amor…Fue aprendiendo de nuevo, y esos momentos se
transformaron en plenos, podían estar horas juntos y sentir grandes fuerzas
telúricas que recorrían lo más intimo de su ser.
Cuando Sebastián la
conoció, quedó impresionado con su porte distinguido, su
cuerpo voluptuoso y su
larga cabellera, pero sobre todo le conquistó de ella su bella sonrisa reflejada
en sus hermosos ojos. Fue algo intenso, y ninguno de los dos sabía por qué era
tan fuerte la energía que los atraía…La música suave del
Cartero de Neruda y sus miradas entrecruzadas, fueron generando el espacio para
que Sebastián pasara la mano por su cabello, cada vez sentía el palpitar de su
cuerpo y el roce de sus senos. Loretta trató de retroceder, se paró intempestivamente
alejándose de Sebastián, mas la fuerza de lo que estaba sintiendo la hizo
devolver. Ambos se abrazaron en una ola irresistible que abría su intimidad a
un indescriptible gozo.
Loretta, una italiana
proveniente de Bologna avecindada en Francia por toda una vida, trabajaba en una
Agencia de Turismo y por ese motivo visitaba a Sebastián. Ambos habían cumplido
los 42 años y ese encuentro inicial fue un ímpetu que a ninguno de los dos dejó
indiferente. Sebastián se levantó al otro día, y sólo sabía que debía regalar a
Loretta esa música de Neruda que a ambos los transportó en una dimensión
especial de sus existencias...Pasaron los años, y mucho tiempo después...
Sebastián había bajado
ese día al pueblo como de costumbre a comprar sus pocos víveres, sentándose
como siempre en la única posada del lugar. Le gustaba mirar el pueblo de calles
de tierra con sus casas de barro y pintadas de colores azul, amarillos ocres o
rojo colonial y que le daban un aspecto bucólico y placentero.
En eso estaba, cuando
siente que una
anciana lo miraba con atención…
La anciana mujer se
levantó de su asiento en la posada y se dirige al
viejo Sebastián. -Disculpe,
pero su rostro me es tan familiar, hace rato siento que lo conozco-. Nona
Loretta-, le llama un pequeño, y el viejo se turbó completamente y se puso un
poco nervioso…-No creo señora, yo nunca he salido de este pueblo y por su
idioma italiano, menos-… Se parórápidamente,
tomando el libro de Zen que lo acompañaba siempre. Loretta no supo qué hacer,
algo en ese señor le decía que se conocían, es más estaba segura que era
Sebastián, pero no, -no puede ser, si él desapareció sin dejar rastros en
Nantes, nunca nadie más supo de él, se dijo que había muerto en el Tibet-,
discurría en su interior…
Ella había vuelto a
Bologna en Italia, y era feliz con sus hijos y muchos nietos por los que se
desvivía, había sido su opción en la vida…
El viejo caminaba con
dificultad, cómo si algo nuevamente le abría el pecho…-si han pasado más de
treinta y cinco años, qué absurdo- se decía.
-Encontré la paz y la tranquilidad, acá lejos
de todos, en mi tierra, en forma sencilla-…Su frente transpiraba fuertemente, y
se sentó en una banca en la plazoleta al frente de la Iglesia…Despertó en su
habitación, con un sopor en su cabeza, no reconocía a nadie...Repetía
incoherentemente el nombre de Loretta.
La anciana mujer al
verlo desvanecer, se apresuró a auxiliarlo junto a uno de sus nietos más unos
vecinos que andaban a esa hora en el pueblo. Lo subieron entre varios y ella se
quedó en esa sencilla casa de barro esperando que el viejo de barba blanca y
tez morena reaccionara a los esfuerzos que hacía el único enfermero del lugar…Al escuchar su nombre
que salía de los labios del viejo, supo que si era Sebastián…Le corrieron unas
lágrimas y se acercó a besarlo en la frente ¿Por qué haces eso abuela?, le
preguntaba una de las nietas…No puedo decírtelo ahora, quizás más adelante, y se apresuró a salir sin antes despedirse
internamente de Sebastián…
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