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Una calurosa tarde de
agosto, sentada en una elegante silla de mimbre, una dama dormitaba en un jardín, Bajo la sombra del magnolio, fresca y protectora sus párpados luchaban por mantenerse abiertos y su boca por permanecer cerrada y su cabeza por sostenerse erguida. Pero el sopor de la hora de la siesta ganó la guerra y la dama se durmió y soñó.
Soñó con tiempos pasados. Se vio a ella misma años atrás. Por arte de magia sus arrugas se borraron, su piel volvió a tener el aspecto de la porcelana y su pelo recobró su color castaño rojizo natural.
Estaba en ese mismo jardín, muy cerca de ella, en el lago podía ver a su querida madre, bordaba uno más de los maravillosos cuadros, cojines o manteles con dibujos complicados que sus manos primorosas cosían con ilusión para preparar el ajuar de novia de la joven.
En la distancia divisó las siluetas de dos hombres que se asomaban, peligrosamente, al abrupto acantilado de ese rincón del inmenso mar donde practicaban la afición que les unían en una estrecha amistad: su padre y su futuro esposo pescaban.
Ella, feliz, contemplaba la escena de esa tarde de verano.
De pronto, una ola llena de bravura, muy habitual en ese “su mar” cubrió con un manto de agua y espuma a los dos hombres. Al ver la escena, los corazones de las mujeres se aceleraron, soltaron de inmediato los objetos que sostenían sus manos y corrieron con la velocidad de las gacelas heridas.
Gracias a Dios y a la agilidad y fuerza de los hombres el mar,ladrón, no se llevó sus cuerpos, sólo les arrebató sus enseres de pesca.
Todo había quedado en un susto.
El sábado siguiente, la joven y el pescador serían marido y mujer y una vida de amor y felicidad les esperaba.
-¿Te apetece un té helado?. La voz dulce de su sobrina y el roce suave de su mano le devolvió a la realidad.
Se frotó los ojos y vio el rostro de la muchacha envuelto en los reflejos dorados del sol vespertino.
-Me he quedado dormida, le dijo con tristeza. He tenido un dulce sueño que me ha llevado al pasado y por un momento he vuelto a ser joven y me he reencontrado con el amor que el mar me robó.
Escrito por Lorena Pérez de Urgel
Publicado el: septiembre 05, 2007