“Camino de Servidumbre” de Friedrich A. Hayek (Madrid, Alianza, 1976)
Sinopsis de Ernesto Del Gesso (qbl)
Junto con Karl R. Popper y Ludwig von Misses, Friedrich A. Hayek compone el grupo de pensadores y escritores más representativos del liberalismo económico que sostiene el principio de la libre competencia como condición necesaria para el cumplimiento real de la vida en
democracia que es un concepto total, siendo su negación cualquier mutilación de las libertades inherentes al ser humano, tales como las de poder desarrollar iniciativas económicas por su propio riesgo.
Hayek es
economista nacionalizado inglés nacido en Austria. Fue premio Nobel de Economía en 1974 junto al sueco Karl G. Myrdal. Sus principios y aportes a la economía mundial los desarrolla en varios libros específicos al tema, pero el libro que tratamos —escrito entre 1940 y 1943— lo declara político. Recuérdese que en esa época se estaba en plena segunda guerra mundial y su enemigo y el de la humanidad era Hitler conjuntamente con los ideólogos y activistas nazis. Hayek separa al
nazismo de la idea de la perversidad de los alemanes que alegan muchos europeos, porque no es que los alemanes sean perversos, sino el sistema adoptado y aplicado por un grupo de hombres es la perversidad y no por la nación, que fue víctima de un proceso anterior que creó las condiciones por las que se llegó al nazismo.
El
socialismo desde su forma más radicalizada, el marxismo o más simple, el de la planificación tuvo en Alemania el campo de mayor difusión y recepción antes que se aplique y se desarrolle en Rusia. Pensadores como Hegel, el mismo Marx y Sombart entre los más destacados sembraron las ideas de la planificación y colectivización. Hayek recurre a citas que avalan su fundamentación sobre la directa relación del socialismo con el nacionalsocialismo. De un ideólogo marxista, profesor Johann Plenge autor de “Años simbólicos” transcribe un breve pero suficiente párrafo en el que expresa que los años simbólicos lo son por cuanto 1789 fue el del ideal de la libertad y 1914 el del ideal de la organización. Esta organización es la de los estados planificadores, colectivistas y autoritarios, donde el individuo prácticamente no existe. Otro ideólogo y economista alemán que propugnaba un socialismo de estado con la colectivización de los medios de producción fue Johann Karl Rodbertus, quien sostenía en sus exposiciones que al estado no lo fundan los
individuos ... ni es un agregado de individuos ... en el estado los individuos no tienen derechos, sino obligaciones. Agrega Ayer que es un error creer que el nazismo es una reacción contra el avance del socialismo, por el contrario se fundamentó en él y les arrebató el poder logrando el pase de muchos dirigentes e ideólogos socialistas que pasaron a serlo del nuevo régimen y otros que se transformaron en opositores después de su desplazamiento y al poco tiempo del país.
Hayek señala que, con la oposición al nazismo por desplazamiento, el socialismo aparece como víctima y advierte sobre la campaña basada en la facilidad de acordar o convencer sobre algo negativo que sobre algo positivo Lo negativo es insistir sobre el odio al enemigo, la insistencia a “nosotros” y “ellos”, siendo “ellos” nosotros, los liberales, por sostener al hombre como individuo y factor de progreso de la sociedad, en total oposición a las ideas que hemos visto planteadas y llevan a los totalitarismos. Porque los ideales de justicia social, mayor
igualdad y seguridad del socialismo, significan también abolición de la empresa privada sustrayéndole la propiedad de los medios de producción. Una burocracia estatal establecerá que se debe producir, que cantidad, hasta llegar a determinar quiénes producirán. Tal régimen exige un orden que no se diferenciaría del fascista o del nazi. Esto lo demostraría Stalin que sobrepasó las víctimas judías de Hitler con los propios rusos.
Hayek recurre a otro pensador para definir su posición sobre el socialismo. En este caso será Alexis de Tocqueville, el célebre autor de “La democracia en América” quien sostiene que la democracia y el socialismo sólo tienen en común una palabra: Igualdad. Pero la democracia aspira a la igualdad en libertad mientras que el socialismo aspira a la igualdad en la coerción y la servidumbre. Palabra esta última que Hayek utiliza para del título del libro en el que, con esta cita, el economista liberal asume la descalificación de ideología democrática al socialismo por ser incompatible con las libertades que sólo pueden manifestarse cuando somos responsables de nuestros propios intereses y libres para sacrificarlos. Su fundamento lo reafirma con la afirmación del poeta Helaire Belloc, que dice que “el control de la producción de riqueza es el control de la vida humana.
A los fines de la brevedad que requiere la sinopsis se han tomado muchas citas para avalar los fundamentos de Hayek, pero en el texto del libro son un mínimo recurso del autor con relación a las trescientas páginas de una edición económica y de bolsillo de letras pequeñas, que además es muy denso en argumentos propios. Uno de estos argumentos será el que señala que la alternativa de la economía dirigida no es el Laissez-Faire, sino una estructura racional para el funcionamiento de la libre competencia, con lo cual toma distancia de aquella forma externa de liberalismo, pero que no deja de encontrar justificaciones para la época de aplicación.
Fin.
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