Cabeza de tarro Rodolfo Ap Iwan. Bajo los huesos y Biblioteca Popular Agustín Alvarez. Trelew. 2008. ISBN: 978-987-24699-1-7.
O “la
argentinidad al palo”podría titularse esta reseña. Una expresión típica de un grupo etario. Este poemario, que desde el punto de vista legal, se presenta en una primera edición, pero de la cual se conoce una edición (artesanal, levemente pirata) que dió a la luz allá por el 2000, cuenta en esta (su edición legal) con unos poemas más agregados: Monito silbador, Tempestades, Capagato, Merca/Deriva, Santa Frígida, Buena pregunta, Negro criado a chupilca, Antiséptico, Escupitajo, Alfajor de diente, Paralelokilo, A veces voy en bajada, Derecho Glaciar, Juguetes, Merecimientos, La que te parío,Carqueja, Valde-Rama, Cascanueces, Borges radiactivo, Durazno de Bilis, Cosquillas de Belén, Matrices, Asmático esquizoide, Luna sedada y No noche. Es decir que tanto es una edición corregida y aumentada, como un libro nuevo. Y para potenciar el hecho, dos cosas más a destacar, la primera edición del libro de Ap Iwan tenía una breve introducción escrita por el propio autor, donde, de algún modo se presentaba el personaje,el “cabeza de tarro”. La edición “legal” por llamarla de alguna manera, tiene un prólogo de un autor “importante y de renombre” de nuestro campo literario patagónico: Jorge Spíndola, que lleva el título de “Palabras sueltas para un cerebro suelto”. Tales hechos dan cuenta del posicionamiento del autor, un digno representante de la estética suburbana barrial, coloquial, fresca, un tanto provocadora de los poetas que escriben en esa línea. Otro hecho a destacar, al menos por extraño, pero que no puedo sesgar en este escueto análisis es la censura (autocensura) de un poema que de algún modo era fundamental en la primera edición (y también en la segunda), es el poema liminar, llamado “Sin espejo”. Antes de hacer una aseveración taxativa consulté al propio Ap Iwan acerca de la razón de la “poda” del poema, al cual se le operó su parte más política y más ácida, pero el propio autor no tiene idea de por qué causa autocensuró ese poema. Es preocupante, sobre todo porque Rodolfo se presenta como alguien incómodo políticamente, es decir, su estética parece reflejar una crítica social de una generación, o para citar a Spíndola en el prólogo alguien que “Habita nuestros olvidados recovecos, los transita con los ojos bien abiertos, va esquivando el lazo a la perrera, descorre el velo de esa microfísica del poder que envenena cuerpos con su baba tóxica de anestesiar sentidos”; en fin, no entiendo muy bien cómo alguien podría subvertir algo siendo que se autocensura en su propia poesía...
Más allá de eso, festejo la reedición de un libro que evoca ecos poéticos de Llach, de Gambarrota, de Fogwill en un punto, pero que hace su propio camino, recorre su propio paisaje
suburbano, con sus derrotas y contradicciones, hay alli algo del lenguaje que tiembla no obstante, que sigue temblando.