El
Premio Departamental de
Poesía La Paz convocado por la Prefectura
del departamento ha sido otorgado en la versión 2008 a Esperanza Yujra Gómez. El segundo premio lo ha obtenido José Gadir Lavadenz y el tercer lugar le correspondió a René Osdmar Filipovich. Adicionalmente, y como incentivo a los poetas bolivianos, se concedieron menciones especiales a Iris Ticona, Raúl Boyan Sánchez, Homero Carvalho y Enrique Rocha Leigue. La compilación, a cargo de la casa editorial Gente Común se llama, por supuesto, A
veces una ciudad, título del
poema ganador.A veces una ciudad no es un título lanzado
al desgaire, y es que a Esperanza Yujra le sobra memoria, observación, agudeza e imaginación. “Las herramientas de cualquier poeta”, se dirá. Ah, pero en el caso de Yujra, afiladas por una muy bien marcada ambición poética, que no todo poeta descubre en sí mismo, sino únicamente algunos y sólo a veces.Una ciudad, en la voz de su poema, se transforma en tierra sagrada.
con este descubrimiento, Esperanza une la “verdad sin” (adornos, adjetivos, etc., etc.) urbana, con la “verdad interior” de esa misma urbe, consiguiendo —¡y cómo!— una imagen fresca desde los ojos de quienes la habitan.Mi ingrata amante, de José Gadir Lavadenz revela un talento flamboyante, decorado, animado por una estructura de rica originalidad que se centra en el sufrimiento, el aguante y la belleza de esta ciudad, La Paz; de su movimiento en ella, de su intento de mostrar realidades interiores al rechazar secuencias lógicas de espacio y tiempo. De una manera algo extraña, este poema hasta deviene elegíaco. René Odsmar Filipovich —cuán zarista el apellido— y cuántas coincidencias guarda con el Pablo Neruda, prestigioso taller del mismo nombre en el que participó en Santiago de Chile. Como el poeta chileno, Filipovich ganó reconocimiento ingresando en un concurso de poesía y obteniendo un premio en él, con el poema Paisajismo de las formaciones. Su preocupación, al igual que la de Neruda en su tiempo, es la de hallar su lugar en la vanguardia poética urbana. Persiste en él, como en su momento lo hiciera en el chileno, la imaginación sobre la litera: es un participante del imaginario que no se conforma con mirar desde la orilla. No es espectador —acciona con la palabra. Una buena manera de vivir, en todo caso.La PazEditorial Gente Común200871 páginasTel.2214493
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