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Síntesis y críticas breves

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Iluminatios/Poeta en Nueva York

por : ifigenio    

Autores: Rimbaud; Lorca
Algunas de las imágenes de Iluminations son estupefacientes, delirantes, rozan una esquizofrenia mansa.
Tales afectos se predican todavía más de un texto como Poeta en Nueva York: una línea quebrada y temblorosa une ambos libros, si bien aumenta su grosor, se vigoriza, a medida que nos vamos acercando a la metrópoli norteamericana (adviértanse los años transcurridos y el cambio de escenario: Londres en 1873 era tal vez la primera ciudad moderna; en 1929 no hay duda de que con Nueva York se entraba, mucho antes de que los teóricos acuñasen el término, en la posmodernidad). El desarrollo técnico de contrapartidas antiutópicas, ese gran pulpo que extendía sus tentáculos alcanzando todos los ámbitos del saber-poder, íntimamente imbricado o co-determinando el aumento de las fuerzas represivas, también jugaba su papel a la hora de la (des)planificación urbanística.
Por (des)planificación urbanística no sólo nos referimos al conjunto de bloques de cemento que caracterizan la fisonomía de las ciudades modernas (en Occidente), sino que queremos poner de manifiesto la lógica interna y la sensibilidad propia que rigen la génesis y el crecimiento de una población. Es decir, se apunta a un concepto de ciudad que, inevitablemente, dependerá de las condiciones materiales de existencia tanto como de las ideas reguladoras (conscientes o no) de la sociedad en un determinado momento histórico. La locura especuladora es el correlato visible de la locura capitalista.
Así, si muchos de los símbolos autóctonos y tradicionales de la poesía -- la luna, el pájaro , el niño -- son reutilizados en las Iluminaciones de una manera original, desterritorializados primero y referidos después a un dominio inusual y en absoluto trillado, conservan, pese a todo, su añejo sabor sagrado, de santidad, de pureza (aun cuando se trate de sub-vertila), por decirlo así, de mansedumbre.
Lorca, en cambio, asiste aterrado a su transformación en seres caníbales; en el mejor de los casos han sido ya violados en innúmeras ocasiones. Lo más usual, sin embargo, es que ellos mismos sean parte activa, el agente de violación. Las violaciones cometidas, además, no son para nada recursos literarios, juegos de estilo o inmersiones en la densidad de la Metáfora. Se trata de una voracidad real, terrible. Aunque el autor parezca mantener la distancia y salvaguardarse en un pequeño rincón de la cámara oscura de su solipsismo, el espacio monádico interno, el "discurso" de la ciudad se tiene que filtrar ineluctiblemente (la soledad del poeta jamás ha sido hermetismo) devorando su propia locura sutilmente organizada, devorando su propia mirada salvaje pero exánime, su propia taquicardia metálica y homicida.
En las Iluminaciones, los restos del naufragio de una clase aristocrática de antiguos hombres se reconocen, débilmente. Una obra así no se define por una única geografía pero, con todo, al menos uno de los recorridos -- desde alguna dulzura del alma y, por qué no decirlo, desde alguna forma de nobleza -- supone zonas de suavidad, que no de connivencia, donde al envite de las lágrimas todavía le cabe la posibilidad de irrumpir inesperado, sorprendiéndonos. ¿Quién llora en Nueva York?¿Quién se atreve a llorar en el Nueva York lorquiano, a no ser las víctimas, diariamente socavadas en lo más hondo de su existencia, del lumpenproletariado?
  
Publicado el: septiembre 24, 2007
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