Jean GIRAUDOUX no desmonta el mito de la
Guerra de Troya, nos muestra su cara oculta.
"La Guerra de Troya no habrá
lugar", dijo Andrómaca. Dan ganas de
añadir:"por esta vez". Héctor, él, está deacuerdo. Acaba de llegar de
la "der des ders" ( la última de las guerras), esa misma "der des ders"
de la que a duras penas se repone la Francia de GIRAUDOUX (Primera
guerra Mundial). Vemos pues que esta obra, como todas las reescrituras,
volverá a hablarnos del pasado y del presente y de aquello que los une.
Por un lado el amor, por otro el odio; aquí la guerra, la guerra
como elemento complejo y desconcertante.
Con humor y crueldad, GIRAUDOUX enfrenta dos clanes: los que
quieren la guerra y los que no la quieren. Los cara a cara son intensos
y se esgrimen los argumentos. Las réplicas son vivaces y sutiles, ¡los
trances de GIRAUDOUX nos inspiran más que los del poeta Demokos!
Asímismo, la prosa es poética y el autor confiere a la pre-leyenda un
tono justo e inesperado que desvela la sensibilidad de los
protagonistas que, presionados por el tiempo y la proximidad de la
flota griega, no aciertan a decidir qué será lo mejor para su ciudad.
No saben. El lector, él, sí sabe; sabe que la Guerra de Troya hubo
lugar y cuáles fueron sus consecuencias; sabe cuántos murieron a causa
de ese engaño denunciado en otro lugar por el espectro de Aquiles: el
heroísmo escapa del que predica el sacrificio: ¿Acaso no es mejor vivir
que saberse evocado por las generaciones futuras? Seguro de sus
certidumbres, el lector juzga a estos hombres dubitativos midiéndoles
su capacidad. Pero al medirles su capacidad, al
mismo tiempo, mide la
incapacidad propia, puesto que aún habiendo sabido esto a lo largo de
treinta siglos, sigue cometiendo los mismos errores.
Hay algo en él de Paris. Se reconoce en Ulises. Es el esposo de
Andrómaca, es la mujer de Héctor. Es seducido por Helena y,
hallando en ella el insignificante destino del hombre, acaba por llegar
a ser, como ella, extranjero para los demás y para sí mismo, diciendo
sí y no con la misma sinceridad, ya que es demasiado doloroso reconocer
que no somos nada. Efectivamente, un hombre, solo, no puede impedir la
guerra. Aquí, todos están solos. No, no lo están; Héctor tiene a
Andrómaca, y los ancianos tienen a Helena. Pero todos lo estarán
porque, al no haber sido capaces de decir juntos no a la guerra, se
verán separados por ella, los muertos de los vivos, y los vivos de los
vivos.
De esta guerra, algunos ven la belleza, otros, algo horroroso
("un cul de singe"). ¿Cómo llegar a un acuerdo? Imposible, nos deja
entender GIRAUDOUX, mientras se divierte brindándonos la esperanza de
que el escritor puede cambiar el pasado, de que la buena voluntad puede
detener la máquina de la violencia. Imposible, dice Ulises:"El universo
lo sabe, vamos a batirnos." Imposible. GIRAUDOUX se convierte ahora en
el profeta de la desgracia. En la primera escena es él quien a través
de Casandra apuesta por que la guerra habrá lugar. Y a través del
mismo personaje concluye la obra con un último guiño:"Se cede la
palabra al poeta griego." Homero podrá escribir la Ilíada.