El doctor Fredrerick Starks, un
psicoanalista de Nueva York entrado apenas en la cincuentena, tiene una vida apacible, incluso se diría que aburrida. Atiende su consultorio y pasa el tiempo restante como otro solitario viudo. El porvenir no podría ser otro diferente. Y sin embargo, así es.
Llega una carta a su despacho
con intenciones perturbadoras, el sujeto que la escribe culpa a Starks de las miserias de su vida y le asegura que a dos semanas de leer la misiva el doctor deberá, para pagar su cuenta pendiente con el psicópata, suicidarse.
Starks se encuentra rápidamente engullido por un macabro juego donde tiene todas las de perder. Da zarpazos, lucha desesperadamente, pero todo apunta a que,
al final de la quincena, tendrá que quitarse la vida.
El psicoanalista es un
thriller atrapante e inteligente. Los personajes son bien logrados y se comportan conforme a las circunstancias, e incluso cuando la historia parece guiarlos hacia el lugar común, logran capotearlo con maestría. Los giros son inesperados, pero no pierden la
esencia del relato, haciéndolo rápido, sin ser descuidado.
Aún así, el final desconcierta, le falta esencia y cae, después de evitarlo durante toda la historia, en el cliché. En fin, una
novela entretenida y con gancho, obliga al lector a no soltarla y eso, después de todo, es lo más importante.
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