Acerca de "El capocómico que admiraba a Olmedo"
Esta novela debe ser la número veintitrés de esta serie con el
detective
Fabio Sa.
El libro tiene personajes marginales. Vicky, la novia del
detective, tiene un negocio de ropa usada. Su secretaria, Myrna, es una travesti de esas que suelen estar mejor que la mayoría de las mujeres. Culo más firme por lo menos. Y se empeña en su
trabajo de secretaria quizá con mayor eficacia que una mujer común, posiblemente para superar su marginalidad. Considerando la oportunidad que le ha dado el detective de salir de la realidad de gente como ella que prácticamente no pueden casi salir de la prostitución. Myrna es sufrida y bastante inteligente, con cierto humor. Al detective Fabio Sa en general le gustan los marginales como ella, y lo viene acompañando desde hace varios casos. Salvo cierta vez, en que sucedió un episodio algo extraño entre ellos, sus relaciones son meramente laborales.
En la serie aparecen otros personajes en historias paralelas. Por ejemplo Fabián Sáez, alter ego del autor. Sáez escribe cuentos y lee tres de esos cuentos junto al detective, a lo largo de tres capítulos de este libro, que se basan en sus experiencias como estudiante de bibliotecología. No le había gustado esa carrera como estaba dada en cierto barrio aristocrático, donde notó bastante desprecio por el pensamiento y la cultura. En esos cuentos aparecen como inspiradores narradores famosos: Jorge Luis Borges, Franz Kafka y Charles Bukowski...
Todos estos personajes principales se repiten en toda la serie con el detective Fabio Sa, sobre todo su mujer Vicky y su secretaria Myrna.
En "El capocómico que admiraba a Olmedo" una muerte real fue inspiradora para un libro de ficción. La vida del humorista Alberto Olmedo, humorista real, como el detonante para imaginar una vida parecida pero diferente: la de Roberto Salcedo. Salcedo se cae de un noveno piso, drogado y feliz porque estaba por protagonizar su primer papel serio en cine. Papel que le había propuesto un famoso escritor que estaba exiliado: Romualdo Montano.
Este Montano tiene un leve parecido con el narrador Osvaldo Soriano, como el mismo Olmedo convertido en un Salcedo de ficción, Montano podría ser un Soriano de ficción.
Un periodista no del todo honesto y de vida oscura, que se apellida Reyes, le encarga la investigación al detective. Fabio Sa acepta el caso, después de investigar un poco a Reyes y de considerar —o eso esperar y porque necesita el trabajo— que sus corruptelas no sean demasiado graves.
Antes de hacer una serie de entrevistas Sa estudia la vida de Salcedo y organiza la investigación. Lee algunos libros, notas varias, escritos diversos de diarios, revistas, de internet. Hace notas sobre su vida. Lo estudia. Todo el material como siempre se lo consigue con cierta eficacia su secretaria atípica Myrna. Durante la investigación Sa además mira algunos videos donde se grabaron varios programas de televisión de Salcedo.
Estos videos del trabajo de Salcedo son otra parte fundamental del libro. Salcedo parece muy inspirado en Olmedo en su trabajo. Pero en realidad es algo más intelectual en sus actuaciones. Sa se ríe bastante con su humor. A veces no tanto cuando percibe que está un poco comprometido con realidades miserables del país.
Fabio Sa hace toda una serie de entrevistas. Breves, parece buscar solo lo justo que le puedan decir que no se haya escrito en otros lados. Charla con su guionista, el director de sus programas, el escritor exiliado, un camarógrafo, un vecino que lo conoce desde siempre, una actriz rubia y otra morocha que además de trabajar con él fueron sus mujeres.
Salcedo no tiene la misma vida que Olmedo. Nunca se casó ni tuvo hijos, solo amigos del trabajo y sus mujeres.
Luego de algunos malos recuerdos sobre sus viajes por Buenos Aires —ciudad que quiere y que desprecia—, de algunas noches con insomnio, Sa tiene cierta sospecha sobre lo que pudo haber pasado con la muerte de Salcedo. Y finalmente se lo coonfirma un informante que se contactó con su colaborador telefónicamente contratado para el caso.
Sa finalmente descubre qué pasó con la muerte de Salcedo. El humorista parece haber tenido una muerte tragicómica, como su mismo estilo en hacer humor.
"El capocómico que admiraba a Olmedo", la número 22 o 23 de la serie, tiene un estilo visual como le gusta a Sánchez. Se leen los diversos capítulos y se los mira como en una película. Escrito con descripciones y diálogos, con pensamientos como voces en off que siguen a la acción.
"El capocómico que admiraba a Olmedo", para Sánchez no pasa de ser un policial que renombra como atorrante, y que como tal es solo un estilo más. Uno de tantos. Con más o menos hallazgos, más o menos escenas fallidas, más o menos menores. Siempre opina que los autores que llama así —los atorrantes— son los mejores. Como un rock de los Rolling Stones. Seguramente hay miles de músicos mejores que ellos, pero ninguno de ellos tienen lo que movilizan los Stones. Lo mismo para Saez con los autores atorrantes. Deben haber miles de libros mejores que los de Bukowski, seguro, pero no recurre ni vuelve tanto a ellos como con Bukowski.
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