Martín, tras perder su trabajo en una librería de un centro comercial, logra un trabajo
miserable y mal pagado en la librería
del Sr. Ponz especializada en libros de segunda mano.
De esta manera conoce a Edelmiro Esteban, es decir, a Edel Stephen, un escritor de novelas policíacas que logró cierta fama durante un determinado periodo de tiempo.
A partir de ese momento, el libro cuenta la vida de este nuevo personaje, hombre apocado y cobarde, sometido a las exigencias de su esposa, de su editor, de sus compañeros de oficio y de aquellos que dicen ser sus amigos; un pobre hombre que se ve obligado a
escribir sin descanso, esclavizado junto a su máquina de escribir, mientras sus novelas se convierten en éxitos editoriales, en seriales radiofónicos o en esperadas colaboraciones periodísticas.
Edelmiro, poco a poco, se convierte para huir de su vida en un reputado bebedor de coñac y acaba, sin saber cómo ni por qué, dando con sus huesos en la cárcel.
Cuando el pobre escritor sale de ella, ciego, pobre y solo, sólo quiere descubrir entre las páginas de los libros que escribió qué o quiénes le enviaron a la cárcel, siendo de este modo como conoce a Martín, un hombre de una vida tan
miserable como la suya, que le adopta, le ayuda y apoya en su búsqueda.
José María Mijangos usa para hablar de los vidas de los antihéroes que ha elegido como protagonistas un lenguaje directo, sarcástico y, en ocasiones, divertido. El libro se lee bien, es ameno, pero no lo cierra como debiera hacerlo, no acaba por explicar el motivo por el que Edelmiro fue a parar con sus huesos en la cárcel, no aporta la suficiente luz sobre aquello que hace que Edelmiro y Martín se conozcan y unan sus destinos.