Un avión sufre
un accidente al sobrevolar el océano Pacífico y cae cerca de una pequeña isla.
Sólo sobreviven
los niños, alumnos de un colegio inglés que viajaban en el
avión, y todos los adultos, los tripulantes, mueren en el siniestro. La isla no
está habitada y los niños, cuando toman conciencia de lo ocurrido, pero que
están milagrosamente con vida, se entregan a festejar el hecho con juegos en
medio de la mayor algarabía. ¿Serán capaces de salir adelante sin la tutela de
personas mayores? ¿Podrán mantenerse unidos y a salvo de los peligros que puede
albergar ese lugar? ¿Lograrán eludir los conflictos que tienden a empujar hacia
crisis de difícil solución a cualquier grupo, a partir de apetencias
individuales? Y lo más importante, ¿serán rescatados alguna vez y volverán a su
país, a ver a sus familias?
La respuesta llega de inmediato. Son niños que han sido educados bajo
estrictas normas de comportamiento social e individual, pertenecen a una clase
de élite, saben mandar y respetar las normas establecidas. Esto origina que
pronto aparezcan conductores naturales, se establezcan distintos grados de
identificación inconsciente, y la adhesión a imágenes y estereotipos. No tardan
en advertir que necesitan organizarse (tal como lo hacían en su vida anterior),
si desean sobrevivir. Se elige un jefe y se establecen pautas para la
realización de tareas: unos se dedicarán a cazar y todos se responsabilizarán —por turnos— de mantener encendida la
hoguera que les hará visibles en caso de se acerque un barco o un avión que
pueda rescatarles; se convocará una asamblea haciendo sonar un caracol...
La hoguera significa la propuesta de un horizonte vital que va más allá
de la satisfacción de las meras
necesidades biológicas, y el caracol simboliza
el mutuo acuerdo que ha depositado en uno de ellos la autoridad.
Los dos primeros
muchachos que se
nos presentan en el libro son Ralph y Piggy. Ralph es quien encuentra una
caracola cerca de una laguna que hay en la playa y Piggy le recomienda que la
sople porque su sonido será tomado como una señal y los demás muchachos vengan
a reunirse con ellos. Inevitablemente el grupo fantasea con su vida anterior,
extrañan a sus familias, el calor del hogar, las costumbres, y tratan de que
ese grupo fantaseado aún sin proponérselo conscientemente, se convierta en un
grupo real.
Piggy (cerdito), es un niño asmático, gordo y casi ciego, que usa unas
gafas gruesas de gran utilidad para encender una hoguera. Piggy es protegido de
las burlas y las crueldades del resto gracias al buen criterio de Ralph. Piggy
no tiene liderazgo, pero posee las virtudes que a Ralph quizá le falten.
Desempeña dentro del grupo una función de teórico, portavoz de Ralph, evaluador
analítico de las situaciones y más adelante en el desarrollo final tratará en
vano de equilibrar a los dos grupos antagónicos que se forman. Es inteligente y
las medidas prácticas y más elaboradas del grupo resultan derivar de su
capacidad de percibir las necesidades comunes, los estímulos y posibilidades
que provienen del mundo exterior, y la acumulación de conocimientos previos que
saca a relucir en el momento justo.
El Señor de las moscas es a la vez una novela hermosa y terrible
porque William Golding, ganador del Premio Nobel, construye una aventura
apasionante en la que se pone de manifiesto la condición humana en carne viva,
en especial porque la humanidad está representada por un grupo de niños,
aparentemente no contaminados todavía por las durezas y rigores de la
civilización. No obstante, puestos a tratar de sobrevivir en condiciones
adversas, la racionalidad queda en tela de juicio y juegan factores que en la
normalidad cotidiana no son tenidos en cuenta. La novela puede ser leída como
una metáfora, como ficción especulativa o como fábula moral. Eso queda en manos
del lector. El autor, con los elementos que ha puesto sobre la mesa, provee los
materiales necesarios ysuficientes para que así sea.
Sergio Gaut vel
Hartman