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Síntesis y críticas breves

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La isla de la Pasión

por : pakonet     

Autor : Laura Restrepo
La Isla de la Pasión (1989), Laura Restrepo, Alfaguara (2005).
Francisco Puente.
La Isla de la Pasión está aproximadamente
en el mismo paralelo que San José de Costa Rica, y en el mismo meridiano que la punta de Baja California Sur. Fue descubierta y bautizada por Fernando de Magallanes. Posteriormente, gracias a que el corsario John Clipperton la usó como refugio en 1705 para sus atracos a la Nao de China, fue conocida como la Isla de Clipperton; nombre que conserva actualmente.
Otrora fue territorio mexicano, hoy es posesión de Francia como resultado del litigio que dicha isla fue objeto, resuelto por el rey Víctor Manuel de Italia en 1931. Aunque haciendo honor a la verdad no es isla, es un atolón: franja circular de tierra rodeada de agua y de muy poca elevación. Lo único que hay en esta isla es guano, y muy poco; sin embargo el gobierno mexicano mandó un regimiento del ejército (nótese: no armada) para protegerla de una posible invasión de Francia antes de la resolución legal. Esto ocurrió en épocas de Porfirio Días, él mismo nombró gobernador y defensor de aquel pedazo de tierra al capitán Ramón Arnaud; quien estaba al mando de algunos hombres, todos con sus familias. Es en este marco donde la escritora Laura Restrepo (premio Alfaguara 2004) nos deleita con su prosa, elegantemente disfrazada como pesquisa periodística.
El capitán Arnaud es abandonado a su suerte en ese rincón perdido de dios e imán de huracanes. El barco encargado de suministrar víveres cada cuatro meses, retrasa sus llegadas cada vez más; forzando a los habitantes del terruño a sobrevivir, dar a luz y luchar contra la locura como auténticos hombres de las cavernas. Es un verdadero regresar al hombre antes de la sociedad. Sin embargo hubo un momento de luz, que acaso la escritora logra cubrir sutilmente con un velo de tiniebla: El barco ha llegado con mucho retraso y muchas noticias: Porfirio Díaz ha caído. Ramón Arnaud, incrédulo porfirista, se pregunta la vigencia de su gobierno. Decide ir al continente y averiguar qué es a lo que la gente del barco llama La Revolución. Arnaud, fiel patriota, se descubre como el único interesado en salvaguardar la soberanía nacional en el Pacífico. Hace los trámites burocráticos necesarios para que el nuevo gobierno legitime su gobernación y vuelve al atolón, esta vez para no volver nunca más. Tal vez en este momento de su vida, el capitán Arnaud, tuvo más presentes que nunca las palabras que pronunció la primera vez que pisó Clipperton: <<Esto es territorio mexicano y yo soy el gobernador <...> Es poca cosa, pero será poca cosa mexicana mientras yo viva. Que manden a todo el ejército francés si quieren, pero a mí de aquí no me sacan. Me dan hasta debajo de la lengua, pero no me sacan>>. A partir de este retorno, mientras México se encuentra ocupado en una guerra civil, la colombiana nos relata lo que ocurre en ese México olvidado del tiempo y los hombres; pero no de fantasmas que vienen a platicar por las noches, que no necesariamente son fantasmas de muertos, pueden ser de vivos como los náufragos europeos que un huracán hizo encallar en Clipperton. Es entonces cuando La Isla de la Pasión refleja la mucha sabiduría de quien le impuso un topónimo por primera vez. El mundo, a pesar de constreñirse a lo exiguo de la isla, se vuelve inconmensurable y, por qué no, casi mítico. El paisaje luce adornado con cabelleras femeninas esplendorosas, infantes semisalvajes sin conocimientos de urbanidad, mas felices.  Una atmósfera pletórica de aves, guano, mujeres, barcos fantasma... se ve de pronto sumergida en una utopía de supervivencia gobernada por mujeres. Pero aquí todo es efímero, sólo es cuestión de ponernos de acuerdo en cuánto dura lo efímero. Son constantes, como un vendaval que sopla y barre sorpresivamente las costas de la isla, los hechos caóticos que asolan la frágil estabilidad lograda en esa tierra infértil donde sólo hay trece palmeras. Es tan contrastante la realidad dibujada por Restrepo, que se sobreponen con un natural fluir y una perfecta concatenación, hechos como la felicidad de una docena de niños sin las imposiciones de la sociedad, y la trágica muerte de muchos por la falta de una docena de limones. <<Mi reino por un limón>>, diría el gobernador de Clipperton al verse víctima del escorbuto. Sucesos extraños, sin duda, pero nada sobra ni falta. Todo lo requiere el relato, y es que hablar de un lugar tan extraño y tan dueño de sí como Clipperton, es hablar de le leyes como las que sólo allí pudieron surgir:
<<Primero: Queda terminantemente prohibido rezar, levantar altares y hacer sacrificios.
>>Segundo: Sólo existen las personas que vemos y las cosas que podemos tocar. Las demás serán desterradas de Clipperton para siempre. Queda prohibido el trato con los muertos. <...>>>
Y qué decir de los amores. Extraños, locos y apasionados como la humanidad ha visto muy pocos. También fraternales, también odios. O simples miradas que lo dicen todo, que acaban un ciclo y comienzan otro; o diálogos tan elocuentes que lo engloban todo, aun el final; como el que Alicia, mujer del capitán Ramón Arnaud del ejército mexicano, sostuvo con don Félix Rovira, su padre: <<<...> media hora más tarde seguían en la misma posición en que los había dejado, y aún no habían podido decirse la primera palabra>>.
 
Publicado el: abril 02, 2007

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