El Especismo como tradición de los llanos venezolanos y del mundo.
“Cuando Cristo
vino al mundo fue en un caballo alazano.
Iba perdiendo la vida por coger un orejano”. “Las Veladas de la Vaquería”. Doña Bárbara.
El escritor Rómulo Gallegos, como glorioso ilustrador de las
costumbres del llano venezolano, a través de dos pintorescos personajes de su grandiosa obra Doña Bárbara como son Pajarote y María Nieves, expone en ésta copla el sentimiento del llanero hacia sus costumbres, porque como él mismo lo dice “para cada cosa que se necesite decir hay en el Llano una copla que ya lo tiene dicho y lo expresa mejor”.
En la perspectiva de Pajarote y María Nieves como fieles representantes del hombre común apegado a sus tradiciones, es un acto corriente e incluso inocente el someter a los animales para diversos usos y lo expresan claramente al improvisar una copla donde el mismo Jesucristo se ocupa de éstos menesteres.
Es evidente la denuncia que realiza Gallegos en su obra respecto a la explotación animal. El comercio con las plumas de garza, las cruentas peleas de gallos, la caza del gaván, el sacrificio de animales como el cocodrilo para la exportación de sus pieles, los rodeos, las coleadas de toros, amén de ceremonias de índole supersticioso como el entierro del “familiar”, donde se sepulta vivo a un toro, un caballo o cualquier otra bestia que tal vez no tuviese un mejor uso, por la creencia de que el espíritu de la víctima cuidaría de la finca donde fuera enterrado (acto éste que Gallegos oportunamente y en repetidas ocasiones calificó como un “bárbaro rito”), son sólo algunas de las costumbres del Llano venezolano que incluyen el maltrato a los animales y que el autor nos quiere mostrar. En los tiempos que corren, obras como Doña Bárbara, nos lleva a los venezolanos a reflexionar acerca de la pérdida de identidad nacional que estamos viviendo debido a la transculturización y nos hace un llamado a rescatar nuestras tradiciones, sin embargo, es importante reconsiderar algunas prácticas que por viejas y tradicionales que sean no dejan de ser incorrectas y perjudiciales para quienes habitamos en éste planeta, prácticas que lejos de formar parte de nuestra cultura vienen formando parte de nuestra incultura, y que sólo denotan el
especismo que nos ha caracterizado a los seres humanos desde hace muchos años, entendiendo el
especismo como “la discriminación de un individuo en función de su especie, es decir, considerar que los intereses de alguien no merecen un peso justo debido a su especie de pertenencia.”
La forma de especismo más común es la que establece que el hecho de que alguien pertenezca o no al grupo humano es lo que determina el respeto que merecen sus intereses lo cual constituye una barbarie (en la que tal vez no hemos reflexionado lo suficiente), ya que NO es nuestra inteligencia lo que nos hace querer vivir o sentir dolor, sino la capacidad para sufrir y disfrutar, algo que compartimos con los demás animales y que nos permite tener experiencias, convirtiéndonos a todos y a todas en individuos con intereses propios.
Tomando en cuenta que científicamente está comprobada la naturaleza frugívora y NO omnívora del ser humano, y que el consumo de carne fue implementado en períodos glaciares donde no fue posible la recolección de frutos, arrastrando la costumbre hasta la actualidad, sería oportuno hacer un llamado a nuestra conciencia y sensibilidad y comprender que el sólo gusto por la carne, ciertas diversiones tradicionales, supersticiones ó vanidad en el vestir no son razones de peso para cobrar dos mil vidas inocentes por segundo en el mundo.