La Invención de la Soledad
Paul Auster
Editorial Anagrama, 1994. 244 pgs.
Traducción de María Eugenia
Ciocchini
La Invención de la
Soledad es el primer relato en tono narrativo de Paul Auster, considerado el texto fundacional del vasto universo literario de este autor neoyorquino, y que empezó a escribir en 1979 luego de enterarse que su padre había muerto. Una obra emocionante, provista de una profundidad que a ratos se vuelve devastadora, y que lo sumerge a uno en una potente reflexión sobre la paternidad y la muerte, sobre el ejercicio de la memoria y de la escritura y, especialmente, sobre el poder del arte como mecanismo de conservación y de permanencia.
La Invención de la Soledad es una
historia doble: la muerte del padre y el nacimiento del hijo en donde el narrador, o sea Auster, situado entre ambas situaciones límite, siente que le es impuesta la obligación de narrar como único modo de hacerle frente al “extrañamiento” en que esta situación lo sume. Una urgencia a actuar de prisa para contener el fenómeno del desvanecimiento, como si escribir la historia de un hombre (su padre) fuese la única manera de mantener su vida en “operación” , pero que a la vez va más allá del hecho físico de la muerte o de su reacción ante ella: va por la certeza de que su padre se está marchando sin dejar el más mínimo rastro de su existencia.
Así, entonces, el texto está dividido en dos partes: El “Retrato de un Hombre Invisible”, escrito como reportaje o investigación de una novela familiar, y en donde Auster organiza los antecedentes y desarrolla en pequeños relatos y reflexiones la historia de su padre (por un lado para dejar registro de ella y por otro para poder aprehenderla y asimilarla antes del deterioro y del olvido). Y como segunda parte “El Libro de la Memoria”, en donde proyecta la reflexión desde su papel de hijo hacia su propia paternidad y desde el vacío de la ausencia hacia la soledad del escritor y de los procesos creativos.
Con un tono intimista, melancólico y a ratos casi hermético, el relato se despliega como una larga reflexión en dónde las imágenes creadas por Auster, especialmente en “El Libro de la Memoria”, van logrando articular la esencia misma de esta “soledad” de que habla el título y que, en inglés, funciona por una singular especificidad de la palabra. “Soledad” puede ser “loneliness”, o puede ser “solitude” (que es la usada en el título). La primera acepción tiene que ver con un sentimiento de carencia, una suerte de melancolía donde se echa de menos la presencia de un “otro”, la segunda, “solitude”, sólo define el estar despoblado de cosas o personas pero sin tener necesidad de ellas, un estado de extrañamiento o de insularidad, simplemente alguien o algo rodeado completamente por la nada.
Un texto complejo, sin duda, no ya por su contenido sino por la multiplicidad de direcciones hacia donde su reflexión es capaz de enviarnos, pero un texto fundamental a la hora de trazar las bases desde donde acercarse al trabajo de uno de los más importantes autores contemporáneos, a la comprensión de esa “solitude” que actuó como el big-bang de su universo literario, y que se ha ido desarrollando y expandiendo hasta convertirse en la sustancia medular de toda su prolífica obra.