Pascual Duarte narra su historia desde la cárcel donde se encuentra condenado a muerte por el asesinato del Conde de Torremejía.
Al inicio trata de justificar sus acciones incorrectas contando las tragedias, las carencias, la suciedad, entre otras, vividas en su infancia. Golpeado siempre por su padre y con una
madre alcohólica Pascual aprende a arreglárselas solo. Crea unos lazos de cariño sólido y sincero con su hermana Rosario y con su medio hermano Mario. Su hermana era el motor de la casa la alegría del padre de Pascual. Cuando ella se marcha la casa queda sumida en una gran tristeza y cada vez que regresaba, Pascual sentía que las cosas mejoraban. Estar al menos en el recuerdo de Rosario le brindaba una gran seguridad. Por Mario, sentía una gran compasión. El trato que recibió este ser frágil abandonado por la naturaleza y por su madre despierta en Pascual la ira contra su madre; se sentía impotente al no poder rescatarlo. La muerte de su padre y luego de su hermano en las circunstancias que se dieron hacen una marca imborrable en el alma de Pascual.
El amor de pareja se presenta como una nueva oportunidad para él ya que encuentra en su matrimonio con Lola, un sentimiento de felicidad plena que no había conocido y por lo tanto es muy extraño para él. Sin embargo el aborto de Lola del primer hijo y luego la muerte a los once meses del segundo, hacen sentir a Pascual nuevamente la injusticia de la vida y decide marcharse. Ya para este momento la violencia que tenía contenida se había hecho evidente en el ataque a su amigo Zacarías, en el sacrificio de su yegua y de su perra, en las que descarga la ira y las frustraciones que lo hacían sentir su mujer y su madre.
Lola es seducida por el Estirao, antiguo “explotador” de su hermana Rosario y cuando Pascual regresa después de dos años, la encuentra embarazada. Pascual trata de cobrar el honor perdido; asesina a Lola y a su amante. Tres años de cárcel lo convierten, según él, en un hombre más tranquilo.
El regreso a casa, el reencuentro con su madre y con Rosario (su pasado), y la mención de Sebastián, lo hacen pensar que era mejor estar en prisión. A pesar de esa sensación trata de iniciar una vida nueva y vuelve a casarse. Su madre continua haciéndole la vida imposible y Pascual la asesina para poder al fin respirar.
Esta narración refleja una crueldad humana intensa, un falta de sentido al vivir, un continuo tratar de
subsistir sin importar el resto de la gente, una tragedia total de la existencia. Acompañan esta imagen y la intensifican, las descripciones del ambiente que se hacen: la cuadra vacía, lóbrega y oscura, la madre sucia, la vulgaridad de la casa (con excepción de la cocina).
El uso de la táctica del manuscrito encontrado aleja un poco al autor del protagonista en un mecanismo válido para no crear una identificación con las acciones narradas en la obra.