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Síntesis y críticas breves

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Ensayo sobre la ceguera

por : Oniro    

Autor : José Saramago
Sin causa aparente, un extraño caso de
ceguera ocurre en una ciudad; una persona simplemente deja de ver mientras
espera que la
luz del semáforo se ponga verde:
La enfermedad pronto da muestras de ser
altamente contagiosa, los primeros en contagiarse son la esposa del primer
ciego y quienes se encuentran en el consultorio del oculista al que acuden e
incluso el doctor mismo. Es éste quien da la alarma temiendo que se pueda
tratar de una epidemia. Se decide esperar hasta que haya pruebas concretas de
que la enfermedad es contagiosa. Pronto los acontecimientos le dan la razón al
oftalmólogo: la gente que ha salido de su consultorio y posteriormente todos
los que han estado en contacto con ellos comienzan a perder la vista. La única
excepción es la esposa del médico.
Con
la esperanza de reducir los contagios, el Gobierno toma la decisión de recluir
a los invidentes, para esto se elige un manicomio desocupado. Se resuelve que
los ciegos ocuparán una de las alas y los considerados ‘infectados’, el ala restante,
de esta manera, las personas contagiadas que pierdan la vista podrán pasar
directamente a la zona de los ciegos, evitando que la epidemia se extienda en
el exterior.
El
primer grupo en ser internado está conformado por el primer ciego, algunos de
los que se encontraban en el consultorio y ya se han quedado ciegos y las
personas que han estado en contacto con ellas. La mujer del oftalmólogo finge
estar ciega también para no tener que separarse de él.
Un grupo del ejército rodea las
instalaciones con las órdenes de disparar a todo aquel que intente salir. Los
enfermos recibirán comida tres veces al día, y no tendrán acceso a ningún otro
tipo de ayuda del exterior.
La organización entre los internos no
es fácil, más aún si se toma en cuenta que nuevos ciegos ingresan continuamente
y la promesa de recibir comida suficiente tres veces al día no se cumple.
Los soldados, temerosos de ser
contagiados, deciden hacer valer la orden de disparar cuando uno de los ciegos se
atreve a acercarse a la valla para pedir medicamentos. Muchos más morirán de
manera similar.
Los grupos internados son cada vez
más numerosos. El último es de unos doscientos.
Un viejo del último grupo, cuenta
las estrategias que siguió el gobierno: primero se aceptó la noticia de cientos
de casos de ceguera, después se habló de decenas, los medios reducían la
importancia de la noticia. Se excluyó la hipótesis de una nueva epidemia y se
aventuró que los casos de ceguera irían disminuyendo. Fue todo lo contrario, el
gobierno no tuvo más remedio que abrir más lugares para someter a los enfermos
a cuarentena.
Las camas y la comida no son
suficientes, y las dificultades a las que se enfrentan los nuevos ciegos para
cubrir sus necesidades, hacen imposible contar con un mínimo de higiene.
En cuanto a la organización de tanta
gente, sucede lo obvio: un grupo de ciegos, con la ventaja de poseer una
pistola y a un ciego entrenado, se apoderan de una sala entera, y toman el
control de la institución.
‘A partir de hoy, quien quiera comer,
tendrá que pagar’, es la consigna. Rápidamente todo objeto de valor pasa a sus
manos, y comienzan a racionar la comida.
La situación empeora cuando exigen
mujeres como pago por las comidas. Ante el hambre, las mujeres deciden acudir.
Es en este momento que la mujer del ciego decide matar al cabecilla.
Las cosas no mejoran mucho, los
malos continúan teniendo la pistola y la comida que han acumulado, y los nuevos
víveres no llegan. Se organiza una resistencia para vencer a los malos que
quedan, pero no pueden hacer mucho.
Después de la derrota, la mujer del
oftalmólogo decide anunciar que ella aún no es ciega. Nadie se sorprende.
Una de las mujeres prende fuego a la
trinchera de los malvados. El fuego se extiende no queda más remedio que salir.
Esperan encontrar los disparos de los guardias, pero se dan cuenta de que han
abandonado sus puestos.
La ciudad se encuentra en ruinas,
todo el mundo se ha quedado ciego.
Los ciegos saquean las casas y
tiendas. Se han organizado en grupos parecidos a tribus nómadas, vagan de casa
en casa, casi nadie tiene un lugar fijo.
Ellos
hacen como los demás, de las tiendas sacan lo que necesitan, la comida no es
tan fácil de conseguir, pero gracias a los ojos de la mujer del médico, también
resuelven ese problema. Viajan a la casa del doctor, donde hay un poco más de
comida y orden, ahí se establecen.
El
mundo exterior es un caos, los perros devoran a los ciegos muertos, los grupos
ganan y pierden miembros constantemente sin que a nadie le importe, los
servicios básicos han dejado de funcionar por falta de gente que los mantenga,
la basura y los desperdicios de toda la ciudad yacen en las calles cubriendo de
un hedor insoportable la ciudad entera.
Justo
en el momento en el que todo parece perdido, y la comida se hace más difícil de
conseguir, y la mujer del médico comienza a debilitarse por el esfuerzo de
mantener a tanta gente, uno de los ciegos (el primero) recupera súbitamente la
visión:
Lentamente todos
recuperan la visión, en la calle suenan los gritos de ‘¡Veo!’.
Publicado el: junio 15, 2006
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