Publicada en 1976 y adapta escénicamente en 1983, El beso de la mujer araña consolidó la fama de Manuel Puig en el ámbito
internacional gracias al extraordinario éxito de su versión cinematográfica y teatral, y fue, también, su novela más popular. En palabras de Mario Vargas Llosa: La obra de Puig es una de las más originales de los últimos años del siglo XX.
La lectura de esta novela argentina se estructura en dos niveles: el primero, la teoría de distintos autores sobre la homosexualidad D. J. West, Anna Freud, Dennis Altman, Freud, Herbert Marcuse... y el segundo, con un esquema de genial simplicidad, se configura como una sucesión de escenas dialogadas entre dos presos recluidos en una misma celda de una prisión bonaerense.
Así, Luis Alberto Molina, un homosexual de treinta y siete años, sensible, sentimental, amante de los filmes, apasionado de la opera y los boleros, y condenado a ocho años de reclusión, irá relatando viejos melodramas cinematográficos a Valentín Arregui Paz para aliviarle de los efectos de las sesiones de tortura a que lo somete la policía política de la dictadura, pues está condenado a cadena perpetua por ser un activista que vive en función de la lucha; su gran placer era saber que estaba al
servicio de una causa noble a la que aportaba todos sus ideales marxistas.
Pero hay momentos en que se identifican tanto con los
personajes de las películas que cada uno se aflige ante la imposibilidad de poder ayudar a las personas que aman.
Valentín por ejemplo, piensa en su compañera, en el peligro a que está expuesta y se siente impotente al no poder protegerla, al no poder pedirle que no se arriesgue demasiado. Molina piensa en su madre, en la vergüenza que debe sentir al tener un hijo preso por corrupción de menores y en el delicado estado de salud en que se encuentra.
De hecho, en la medida en que pasan los días, se establece un diálogo más confidente entre los dos personajes: la persecución política y la represión sexual, el estado de las subjetividades y el estado de la teoría, la economía de las identidades y los deseos, la política del mestizaje y el híbrido… Esta confrontación se resolverá en una profunda transformación interior.
Valentín concluye que tal vez se equivocó en todo y por primera vez pide justicia a la providencia, pide una justicia… divina (si hay un DIOS), porque considera que no merece podrirse en esa celda y acepta que tiene miedo de morirse… Molina se encariña de Valentín y le es imposible traicionarlo ante el director de la penitenciaría, lo considera un amigo, confía en él y se ofrece para ayudarlo en su lucha tan pronto quede libre.
Al final, se necesitan mutuamente y tienen relaciones sexuales: Valentín está convencido de que el sexo es la inocencia misma y Molina quisiera no despertar después de que Valentín ha estado en su cama, y ya no siente pena por su mamá, ahora quiere quedarse a su lado para cuidarlo, para sentirse vivo, pues por primera vez está pensando en él mismo.
Sin embargo, este acercamiento es alterado cuando Molina queda en libertad condicional, pues la Dirección, el servicio de vigilancia CISL en colaboración con el servicio de vigilancia telefónica TISL ha creado un plan del que va ha ser víctima, pues están seguros de que él va a pasar un mensaje a los compañeros de revolución de Valentín.
La relación se cierra en un sacrificio estéril sólo en apariencia: inmolándose, han visto al fin su verdadero rostro, han llegado a ser ellos mismos.
El beso de la mujer araña, es una novela que sin querer dar lecciones nos muestra el lado sensible e irreductiblemente humano de nuestra naturaleza.