Si pudiéramos resucitar a Joseph Conrad y abandonarlo en esta isla desierta, volvería a ser feliz, una isla en el Atlántico,
en mitad de ninguna parte, a la que llega un hombre que huye de su pasado como activista irlandés, y que ha buscado en la marina una vía de escape cuando la lucha armada deja de tener sentido y sus correligionarios no parecen escucharle. En su afán por
abandonar ese mundo asfixiante, recalará en otro mucho más reducido, pero con idénticos, si no superiores, síntomas de asfixia, un universo que Albert Sánchez Piñol ha bordado en cada página, otorgándole la voz narrativa a su personaje, de quien nunca sabremos el nombre, sin que por ello se resienta el ritmo de la
novela.
Su único compañero en este limitado reducto es un enigmático farero, un ser huraño y al borde de la locura, un eremita orate llamado Battis Cafó que tiene como esclava a una hembra anfibia, perteneciente a los citauca, llamada Aneris (a poco que utilicemos un espejo, comprobaremos el brillante juego onomástico que practica el autor). Con estos mimbres, asistimos a una acción trepidante que desborda cada página, a una galería de soledades que el protagonista tendrá ocasión de conocer ya en la primera noche, porque las noches son eternas y amenazantes, puesto que es el momento que eligen estas criaturas anfibias para abandonar su hogar submarino y atacar el islote.
Las madrugadas se tiñen de furibundos combates y con la sangre azulada de los citauca, los días apenas son un respiro, el autor desgrana las mentes de los dos hombres hasta límites que rayan la locura, permitiendo que broten sus más oscuros instintos, pero lo hace con un vigor y una intensidad que atrapan desde las primeras líneas, sin hurtarle ni un ápice de misterio a la historia al mismo tiempo que logra que ambos vayan acercándose, compartiendo sus diferentes enfoques acerca la casi imposible supervivencia.
Con esta novela, que ya triunfó en su edición en catalán y tiene visos de hacerlo en su versión en castellano, Sánchez Piñol ha conseguido entremezclar una aventura apasionante con los rincones más turbios de la naturaleza humana, y la pregunta que queda al final es demoledora, para que reflexionemos acerca de si es posible que dos especies tan distintas logren convivir.