Era mujer y escribía. Era plebeya y sabía leer. Nació sierva y fue libre. Este comienzo, rotundo e impactante, le sirve a
Rosa Montero como juglaresco anzuelo para atrapar al
lector y sumergirle de golpe en la epopeya de Leola, la indiscutible protagonista de esta novela, una mujer campesina que, en la Francia convulsa del siglo XII, hará acopio de arrestos, primero para sobrevivir, y después para moverse con cierta libertad, gracias a su disfraz de caballero (gracias al disfraz y a la instrucción guerrera que recibe), en un mundo exclusivamente masculino, en el que mandaban lo hombres de hierro y las féminas tenían un papel, cuando eran afortunadas, tan sólo decorativo.
Entre las armas, muchas y variadas, que reúne la autora en su panoplia narrativa, hay dos que sobresalen por encima de las demás: el gusto por el mundo medieval y el conocimiento del alma femenina. Esa afición medieval le ha permitido reflejar los ambientes con gran fidelidad, tanto temática como lingüística, la suficiente como para no tener que abusar de los datos enciclopédicos, pues cuando éstos aparecen, lo hacen como marco en el que situar la acción novelesca y permitir que fluyan los pensamientos de la protagonista. En cuanto al universo femenino, se engrandece con las figuras de Leonor de Aquitania, Nyneve, una especie de maga blanca, sabia escudera de su señora, y Duhoda, la contrapartida del mal, la antagonista encarnada en una hembra poderosa, cada una jalonando las andanzas de Leola en distintas partes de la obra.
Pero hay más, es evidente, y los hombres desempeñan también su papel, a pesar de la dificultad que conlleva la ocultación de la personalidad de Leola; el dilema de la supervivencia y el amor está presente a lo largo de toda la trama, y los tres varones que asaltan su corazón atormentado la acompañan y la abandonan de forma paulatina. Cada episodio es narrado con su punto de misterio, enredando al lector en diversos acontecimientos: las convulsiones históricas de la época, el mundo trovadoresco occitano, los debates, la defensa de los cátaros, e incluso las críticas, agudas y muy bien razonadas, hacia los desmanes de las tropas papales. Todo se mezcla en un cocimiento casi sobrenatural en el que caben también el rey Arturo y el mítico Avalon, y la guinda la pone la
historia del rey transparente, un relato enigmático que causa la muerte de todo aquel que pretende contarlo, y cuya resolución sólo hallará el lector llegando hasta las últimas páginas. Es Historia y no cansa, es ficción y no miente, es magia y conmueve pero, sobre todo, sorprende esta novela por estar escrita con delicadeza y un inigualable gusto por narrar.