En sus
Relatos la luz robada se coloca antes, durante y después de los diálogos y luego funde la opresión del tiempo y los
sentimientos, haciendo claustrofóbicas y desconcertantes las relaciones y los lugares.
Su excepcional dominio del lenguaje y de la técnica narrativa le convierte quizá, en el más importante escritor americano del siglo XX. Sus extensas oraciones, que a veces son de tres o cuatro páginas, llenas de paréntesis, de subordinaciones, de digresiones y saltos de tiempo, nos deslumbran.
Al mismo tiempo que vas leyendo, siempre en sus
relatos se intuyen tres o cuatro finales, pues frente al presentimiento que parece revestir los pensamientos de su personajes, envueltos en infinitos monólogos interiores, la razón final llega escondida entre líneas, dando la vuelta, convierte el denso episodio en una historia lógica.
La sociedad donde viven sus personajes, en su caos, forman parte de la propia estructura social, con retoricas complejas, que explican la separación entre blancos y negros, los odios y amores en su convivencia: los nuevos ricos son explotadores, sin honor y sin tradición, los otros son: antiguos aristócratas aplastados, las grandes familias tradicionales, los indios, los mestizos y los humildes negros. Se representa el viejo sur destruido y los estados del norte y la civilización industrial. Todos ellos forman un mundo de seres desesperados, anormales, idiotas, degenerados y alcohólicos, que viven en soledad y en el sufrimiento de la realidad.
Geografía, economía e historia contadas con el simbolismo de la sociedad rural de los estados sureños americanos.
Dos de las máximas de Faulkner:
“Un escritor necesita tres cosas: la experiencia, la observación y la imaginación, dos de las cuales, a veces una de las cuales, puede suplantar la falta de las demás”.
“Leer, leer, leer todo, clásicos, desconocidos, buenos, malos, ver cómo escriben, leer y absorberlo. Luego escriba. Si es bueno lo conservas, sino lo tiras por la ventana”.
William Faulkner (New Albany, EE UU, 1897-Oxford, id., 1962) Escritor estadounidense. Pertenecía a una familia tradicional y sudista, marcada por los recuerdos de la guerra de Secesión, sobre todo por la figura de su bisabuelo, el coronel William Clark Falkner, personaje romántico y autor de una novela de éxito efímero. En Oxford, la escasa atención que prestaba Faulkner a sus estudios y al puesto que le consiguió su familia en Correos anduvo paralela a su avidez lectora, bajo la guía de un amigo de la familia, el abogado Phil Stone. A pesar de que su vida transcurrió en su mayor parte en el Sur, que le serviría de inspiración literaria casi inagotable, viajó bastante: conocía perfectamente ciudades como Los Ángeles, Nueva Orleans, Nueva York o Toronto y vivió casi cinco años en París, donde cabe destacar que no frecuentó los círculos literarios de la llamada Generación Perdida.
Faulkner, también escribió poesía, guiones para cine (Tener y no tener o Tierra de faraones) y adaptaciones para la gran pantalla. Fue el premio nobel de literatura de 1949.