Un psicópata terminó con la vida del hijo de un diplomático ruso. El fiscal de la causa interviene con justificado compromiso
emocional, es padre de un niño. El abogado defensor del asesino es un depravado y supuestamente enemigo acérrimo del fiscal. La secretaria de éste último se convence, du-
rante el transcurso del juicio que estos enconados rivales están unidos por un obscuro secreto.
Para uno se trata de impartir justicia, para el acusado una cuestión de vida o muerte, para la policía son complicaciones internacionales y para el inescrupuloso abogado defensor el deseo de una victoria judicial a pesar de todo.