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Síntesis y críticas breves

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El Zarco

por : ReyMono     

Autor : Ignacio Manuel Altamirano
Manuela es una mujer de belleza deslumbrante. Tiene una gran fortaleza de carácter y al ser conciente de las alabanzas que
genera entre la sociedad, adquiere un aire de orgullo y satisfacción consigo misma. Por tanto, es capaz de rechazar a todos los pretendientes de Yautepec sin el menor reparo, concediendo en cambio sus favores al bandido más temible de la región: El Zarco. Así, al llegar a Xochimancas (la guarida de los “plateados”), después de una fuga indecorosa que deja como saldo la agonía de su madre y el rápido desamor de Nicolás, Manuela chocará de frente contra algo oscuro, repugnante, inesperado; es decir, chocará contra la realidad. Sus fantasías se deshilacharán y entonces examinará a su amante desde un ángulo ignoto hasta entonces: desde el desprecio generado por la cobardía y el cinismo del Zarco. No se puede afirmar, sin embargo, que Manuela no haya tenido la oportunidad de reivindicarse antes de caer hasta la sima descrita por el autor: ahí está el momento en que descubre la sangre en los obsequios del Zarco, y aunque en ese instante se vislumbra una ligera lucha entre sus escrúpulos, al final vence la codicia, pues aquella sangre es una consecuencia abstracta e impersonal del oficio de su amante. Existe todavía una segunda oportunidad para que Manuela pueda recuperar su vida en la sociedad: cuando el Zarco es derrotado por Nicolás en una batalla entre los “plateados” y las huestes de Martín Sánchez Chagollán, hay un instante de duda, mezclada con la vergüenza que le provoca la vista de la bella imagen de Nicolás luchando por el bien, entonces decide permanecer en su propio infierno, fascinada de su perdición. La muerte de Manuela, resultado de una súbita locura propiciada por la visión de la muerte del Zarco, es tal vez la parte menos verosímil del personaje, posible consecuencia de la necesidad del escritor de terminar la historia.
Otro de los personajes principales en la historia es el Zarco, uno de los cabecillas de los “plateados”, quien se distingue por su crueldad, su cobardía y su cinismo, así como por su gallarda figura, fundamental para la conquista de Manuela y otras tanta mujeres: cabellera blonda, ojos azules, amplitud de espalda, en fin, un mozo capaz de llamar la atención de cualquier doncella. No obstante, el Zarco es un ser primitivo: está encarcelado en los placeres que el cuerpo le provee y es capaz de hacer cualquier cosa cuando esos placeres se convierten en necesidades: desde temprana edad es dominado por la codicia y la envidia, las cuales encausa hacia todo aquél que pueda tener un trabajo honrado que le rinda frutos. Y a ese paso, no tarda mucho en liarse con los enjambres de malhechores que comenzaban a asolar el centro del país en aquel entonces, ganando una temible reputación gracias a su ya mencionada crueldad. Es la contraparte perfecta de Nicolás, pues mientras éste es reconocido en Yautepec por su honestidad y su valentía, aquél provoca el pavor, incluso de las autoridades, con la sola mención de su nombre; en Nicolás se aprecia la austeridad de su vestimenta, mientras que el Zarco, como todo “plateado”, ostenta groseramente el fruto abyecto de sus crímenes; Nicolás es un indio moreno, sin una pizca de belleza física, pero con un alma bondadosa y llena de dignidad; el Zarco, por el contrario, es apuesto y gallardo, pero en su interior sólo hay carroña y miasmas hediondas en el lugar donde debía estar el alma; y a final de cuentas, sin embargo, ambos convergen en un mismo punto: el amor de Manuela, mismo que no hará sino incrementar el odio profesado por el Zarco hacia Nicolás.
Es evidente que existe una apología enfocada hacia Nicolás y hacia Pilar, los arquetipos de la honestidad, la abnegación y la bondad, según los modelos de Ignacio Manuel Altamirano; pero la presencia plana (si tomamos en cuenta el punto de vista estético) de esos personajes se explica por el contexto histórico e ideológico del autor: México ha estado convulso por las inacabables guerras civiles (eso sin mencionar las intervenciones extranjeras, con los resultados que todos conocemos) y hacen falta nuevos modelos éticos para la nación que apenas se gesta. La literatura, para Altamirano, no debe ser únicamente el recuento de historias con cierta técnica narrativa, debe implicar, además, un rol didáctico para la sociedad, una moral fácilmente aprehensible, tal como lo señala Platón cuando pone en boca de Sócrates su propia concepción acerca de las artes, sobre todo cuando menciona los cánones que deben seguir los poetas en su papel dentro de la sociedad.
Publicado el: julio 02, 2009

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