Kundera se exilió y mientras seexiliaba, aprendía a exiliar y sin pensarlo,
acabó descubriendo la taxonomíadel exilio. Como Colón, quiso ir a lasIndias y se encontró con América: su exilio de la sociedad, es derrumbar lototalitario, en lo axiológico más que en lo político. Es precisar la lítost, ese “estado de padecimiento producido por la visión de lapropia miseria puesta repentinamente en evidencia” .Puntal de “El libro de larisa y el olvido”.
Su novela hace lo que puede hacer, viviren completo concubinato con la risa, el olvido, la memoria, la levedad, lafrivolidad, la lítost, el exilio y elautoxilio.
En esta obra, el olvido es una forma deexiliar la memoria, es exiliar la risa normada de la que podría ser, esexiliarse a sí mismo del deber ser hacia lo que se quiere ser. Es como lo decíala poeta checa Vera Linhartova (quien ya planteó al exilio como un hecholiberador), elegir el lugar donde se quiere vivir y la lengua en la que sequiere hablar.
Más valorativo que político, más humanoque nada. El mundo es mi representación,diría Schopenhauer. Sin anquilosar argumento alguno, Kundera construye lassiete partes de su novela como retazos, como burbujas de sueño, como preguntasabiertas. Como si a propósito, quisieraque olvidemos el capítulo anterior.
Su recurso de contar varias historias, nose pierde en esta ocasión. Sus hombrespolígamos, sus mujeres enamoradas, sus arrebatos surrealistas y sus escenas enlas que el sexo es gas de Coca Cola, viven según la ley de sus propioscuerpos.
Kundera exilia a sus personajes entresí, en su jardín en donde “todos son allí notas de una maravillosa fuga de Bachy los que no quieren serlo no son más que puntos negros inútiles y carentes desentido”. Es más, Kundera se ve así mismo en ellos y en sus definiciones, comosi idílicamente armara una biografía enmascarada.
El hecho liberador se desprende delolvido. Para ser libre es necesarioolvidar. Para convertirse en un nuevoser es preciso deshacerse de las anteriores vestiduras, de los antecedentes. El exilio en Kundera, no es huir, es más queeso, es atreverse a reinventarse. Esreírse de la etapa adolescente, es superar la lítost, extirpar la venganza queésta supone, aun cuando la persona que está poseída por la lítost se vengue consu propia ruina.
Recurrente. Distingue la risa del diablo y la risa de losángeles. La risa del presente, la risadesde el pasado, desde la memoria. La risa diabólica, la que surge natural, laque no ha sido fabricada, ni expuesta a una situación predicha. La de los ángeles, la que es burla, la que sepreproduce, la que es lítost. Un terreno metálico.
La risa en Kundera no es rosa, es géliday pálida. Magra y bohemia. Afilada pero bella. Un gato negro, un par de ojos lacustres.
Su estilo no acepta devoluciones. Kundera nos exilia a un final que pareceríainicio, independencia de una patria.Tamina se interna en la ciudad de los niños y descubre su sexualidadmuerta en una sexualidad infantil. Comosi hubiese regresado a la etapa previa de aquella a la que quiere olvidar. Antes de él era niño, por eso es precisocomenzar en la etapa que antecede al recuerdo, a la edad en que la memoria seresiste a existir. Un disimulado eternoretorno. Un traspasado convertido enpresente posible.
Ella es la reina de los niños. Ellos la desean, la tocan, la besan, pululanen su acuífera sonrisa, en su expresa necesidad maternal. A la totalidad de su cuerpo. Se atrapan en un juego en donde no existe lamemoria, y por tanto no existe la culpa.El exilio es un hecho liberador.Tamina no tiene memoria, se ha alejado de la sombra de su marido. No se reprime, se deja andar.
Falla Tamina, falla. Tanto olvido no es posible. Es mujer ¿se ha olvidado de eso? Ya no esparte del juego de los niños. Ese no essu centro, se vacía en el agua. Muere.
“La frontera está siempre con nosotros,independientemente del tiempo y de nuestra edad; es omnipresente, aunque endeterminadas circunstancias es más visible y en otras menos”. Con esta frase Kundera nos entrega a susinfiernos de páginas, a sus paraísos, nos exilia de la memoria, nos redime dela burla producida. Nos traduce a lalítost.