La carretera de Cormac McCarthy
Por Pablo García Mejía
La carretera, es una novela que
oprime el corazón, una narración que hace que ha cada paso dado por los protagonistas: un hombre maduro y un niño, sea como caminar amortajado al propio funeral de los personajes, pero sobre todo al del lector que sufre y a conciencia a sabiendas de que no será consolado. Cada palabra, cada silaba puesta en la página, es dolorosa y penetrante, como una flecha metida en el plexo solar.
En medio de la
desolación devastadora: un hombre y un niño sobreviven al hambre y a la carroña que los acechan constantemente. Son los últimos seres humanos sobre el Planeta Tierra que ha sido aniquilado por el propio ser humano (hombres y mujeres) que al fin lograron su objetivo: arrasar con el Planeta Tierra y convertirlo en un yermo lleno de cenizas tóxicas en donde el sol ha dejado de brillar.
La carretera es el camino que conduce a la muerte y a la desolación. Por fin, los humanos cumplieron la promesa macabra de terminar con la existencia de la naturaleza sobre la faz de la Tierra, a través de una
hecatombe nuclear. Por fin, han demostrado que “el mal” gobierna los cuerpos y las almas de habitantes del Planeta. Ahora, sólo queda un niño con sentimientos nobles que pregunta: ¿Nosotros somos de los buenos? Y un hombre que muy a su pesar afirma que así es.
En esta narración, Cormac MacCarthy, podría ser el último profeta del Apocalipsis, junto a Juan, el apóstol y evangelista del Nuevo Testamento. La diferencia es que ya no existe Testamento que profetizar, sólo quedan lágrimas que derramar: lentas lágrimas sucias.
Editorial Random House, Mondadori, S.A. de C. V. Barcelona, España, 2009; 209 pp.
Pablo García Mejía
Ciudad de México