Seis meses después, Mischin se encuentra en Moscú, haciendo trámites sobre su herencia. Ésta queda pronto esquilmada por
la incapacidad del príncipe buenazo de hacer frente a desaprensivos que pretender tener algo que ver con el difunto y tratan de llegar a un acuerdo con él. Aglaya, la más joven de las hijas del general Yepanchin, da muestras de estar enamorándose del príncipe, que ahora además es un buen partido, y Mischin escribe una carta a la muchacha en la que le muestra su interés, aunque no muy traducible en términos del amor convencional. Rogochin vive con Nastasia, aunque no consigue que se case con él e incluso le ha dejado plantado en una ceremonia de boda. En una conversación con Mischin, ambos se hermanan y se cambien las cruces que llevan en el cuello, aunque Rogochin muestra sentimientos a veces violentos. Mischin le explica que sólo quiere a Nastasia con piedad. Rogochin dice que él la quiere con odio y que considera que si algún día llegan a amarse la matará. Además afirma que está convencido de que la mujer ama sólo al príncipe, aunque huye de él por su empeño en no mancillarle. En un paseo por la ciudad, Mischin tiene la extraña sensación de que le siguen y que le lanzan una extraña mirada. En una esquina, Rogochin le ataca armado con un cuchillo, pero el príncipe tiene en ese momento un ataque de epilepsia y el agresor, paralizado de sorpresa, se detiene y se marcha.
Unas semanas después el príncipe convalece en la ciudad veraniega de Pavlosk, donde encontrará a la familia Yepanchin y demás conocidos de San Petersburgo. También aparece por allí un oscuro individuo llamado Burdovskii, que afirma ser hijo natural del fallecido que dejó la herencia al príncipe y pretende que a pesar de no tener derecho legal, el inocente Mischin comparta el dinero con él. Gavria se encarga de ayudarle a probar que lo que dice es mentira, pero aún así el príncipe se empeña en dar una donación de diez mil rublos. Este tipo de cosas ponen enfermos a los miembros de la familia Yepanchin, que esperan discretamente hacerle algún día un digno marido de su hija. Ésta, insatisfecha con las extrañas atenciones que le prodiga el príncipe, parece estar en tímida relación con Gavria. Además, se rumorea que la insolente Nastasia Filipovna (que cada día da mas muestras de desfachatez e incluso locura en todos los sitios donde se la encuentran) escribe cartas a la muchacha diciéndole que ella es la imagen de lo que ella deseó ser, que ella es lo que el príncipe merece y que debe casarse con él. Rogochin aparece una vez más ante Mischin, acompañando a Nastasia, le pide tibiamente perdón por la agresión y le insta a que se case con Aglaya, sobre todo porque Nastasia le ha dicho que para que ellos dos puedan casarse tiene que celebrarse previamente la boda del príncipe con la muchacha. A la rueda de admiradores de Aglaya se suma un joven tísico, que sabe que no le quedan más que unas semanas de vida, y que trata de poner fin a su vida, tras dejar una carta para ella, con un disparo en la sien delante de varias personas. Sin embargo, por olvidarse de meter la bala, se dispara sólo con pólvora y todos creen que lo ha hecho sólo para llamar la atención.
De una manera casi accidental y muy poco convincente, Mischin se declara a Aglaya delante de toda su familia y ésta, después de varias dudas, le acepta. Sin embargo, ella piensa que tiene que averiguar si en realidad no es más que “la sustituta de la querida” y decide ir a visitar a Nastasia Filipovna, en compañía del príncipe, en un momento en que la familia vuelve a plantearse que Mischin sirva como marido, después de que en otra reunión social, se ha mostrado muy apasionado criticando al cristianismo católico, haya roto tontamente un jarrón y haya tenido un nuevo ataque epiléptico. El encuentro entre las dos mujeres, aunque parece dirigido al entendimiento, toma un extraño giro y acaba en enfrentamiento. Enloquecida o tal como estratagema para acabar con las dudas, Nastasia se jacta de que si le da la gana puede echar a Rogochin y hacer que Mischin cumpla la promesa que formuló ante todo el mundo el día del cumpleaños. El príncipe, incapaz de superar el embrujo de la perdición de la mujer, acepta cumplir la promesa. La familia Yepanchin le vuelve la espalda y se prepara la boda entre Nastasia y Mischin. Antes de que ocurra, el príncipe recibe el consejo de tener cuidado de Rogochin, que está enrabietado con lo sucedido y pude tratar de agredirle a él o incluso de tomarse una venganza caprichosa en la persona de Aglaya. El día del boda, Rogochin se deja ver entre los invitados y Nastasia le pide que la lleve inmediatamente de allí. Anonadado y buscando una explicación, Mischin busca a Rogochov y encuentra que acaba de asesinar con un cuchillo a la mujer. Al lado del cadáver, Rogochov queda manso, esperando que la policía acuda, y el príncipe regresa al estado de idiotez que tuviera en otro tiempo y tendrá que regresar a Suiza para volver a tratarse.