Era él un niño aun, cuando sus padres lo mandaron a estudiar al internado más famoso de aquel país.
La noche anterior
al
viaje estuvo cargada de muchos recuerdos, lágrimas y emociones indescriptibles como intensas, allí en su habitación; emociones propias, de saberse lejos de los seres amados y de la expectativa de enfrentarse a lo desconocido, pero sobre todo, de saberse sin María.
Muchas lágrimas sellaron la despedida de su madre y hermanas al amanecer. Él continuó llorando en el caballo mientras recién avanzaba con su padre por el camino que habría de llevarle a una nueva vida.
De pronto, miró hacia atrás y logró divisarla en la ventana. Entonces supo que nunca la olvidaría y que algun dia regresaría por ella.
Y así fue. Pasado un tiempo, el correspondiente a la culminación de los estudios, regresó.
Nunca pudo olvidar aquel primer amor.
Al regresar a la
hacienda de sus padres, sintió aquel sentimiento más fuerte cuando la volvió a ver; y ella, apenas pudo contenerse, en medio de la bienvenida.
Ambos se amaron mucho entre altos y bajos: Su amor siempre fue mayor. Pero, qué lejos estaban de saber, que pronto ese amor se teñiría del dolor más hondo que sella a veces, las grandes historias de amor, para inmortalizarlo de una vez por todas...
Esta historia me atrapó desde que leí sus primeras líneas, y sé que lo hará con quienes tengan la oportunidad de leerla.
Su autor
Jorge Isaacs se posicionó como uno de los mejores escritores de Latinoamérica y del mundo, después de publicar ésta hermosísima novela de amor. María es una obra maestra, llena de poesía en cada una de sus descripciones.
Jorge Isaacs nació en 1837 (y murió en 1895), en Cali, Departamento del Cauca, Répública de Colombia.
En 1864 publicó
Poesías; y en 1867,
María.