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Síntesis y críticas breves

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El Cuarteto de Alejandría

por : PavelDiMarco     

Autor : Lawerence Durrel

  
El Cuarteto de Alejandría
 
Por Pablo García Mejía
El Cuarteto de Alejandría

es una historia fascinante que logra atravesar cuatro narraciones en un continum efluvio como un rayo laser mental o como un jugador con cuatro barajas o quizá un amor doloroso que recorre cuatro caminos sin retorno.  Justine: hermosa, desnuda envuelta en fragancia y transparente velo, con enigmática sonrisa; Clea chorreando aguamarina, ofrece su boca con sabor a vino y naranjas: erótica, como una pintura vista en el atardecer del siglo; Melissa, con su sencillo vestido de algodón y sus zapatos de fiesta baratos, muestra la reciente marca violeta que dejó el escritor en su cuello; Naruhz con el pecho lleno de postas agoniza. mientras implora, silvando entre su labio leporino el nombre de Clea...Todos están allí: Nessim conmovido avienta su narguil de plata; Baltazar arranca quejidos del suelo para orar por su creador y amigo. Ahora el espejo tridimensional, el escritor triplicado: Darley el hermano asno utilizado por todos, inclusive por su autor; Arnauti desolado alcanza a comprender, entonces, que pertenecía a la maquinaria demoniaca de la literatura; y, Pursewarden, su majestad en el infierno literario de la novela tetradimensional, y  alter ego de Lawrence Durrel, ahora  ríe con sorna, pues muy a su pesar,  seguirá viviendo en la inmortalidad de la sangre convertida en tinta de su creador, sin que aminore un ápice el lastimoso amor envuelto en deseo que siente por su hermana ciega: Lisa, ella, valiente y amoral enfrenta el incesto con verdadera pasión amorosa, pues no existe en el mundo mamífero, más atracción sensual y sexual que la propia sangre volcada en otro cuerpo, en este caso, en el de su hermano genio y escritor. Al final de su vida están ellos, y al comienzo de su nacimiento astral también, ellos, los habitantes de esa magnifica obra de arte: El Cuarteto de Alejandría.
Larry ha cumplido con su cometido en este mundo, en donde aún existen almas que se alimentan de la mente creativa. Logró atravesar cuatro historias con un rayo láser mental: cuatro barajas y un sólo jugador, cuatro vientos y un continuum efluvio que nos conduce al doloroso e incomprensible camino del amor.
Con la muerte de Lawrence Durrel, el Mar Mediterráneo a perdido un poco de su azul destello y Alejandría chasquea su fosforescente lengua con un dejo de amargura ante la ausencia de su amante poeta. Ahora, la Isla de Corfú no sólo merma arena del tiempo, sino también siente en su interior, la soledad, pues los grillos han hecho un silencio en su obscuro canto. 
Lawrencw Durrel (Larry) nació en la vieja Bengala de la India, allí junto al Himalaya, el pequeño fauno poseyó por vez primera a las ninfas de la literatura. Después... llegó el llamado del mar, Alejandría lo esperaba impaciente: Júpiter le había prometido a su hijo. Larry aspiró fuerte y se llenó los ojos de ese azul mediterráneo para emprender el asalto poético, abandonando todo tipo de estorbosa moral: Alejandría representaba el Mundo Heráldico y para llegar a él, bastaba sólo con estar en el límite de la desesperación, de la determinación. Sin embargo, antes de lanzarse al vacío hay que esperar el canto: ellas llegarán puntuales: ellas, las sirenas del infierno poético. Sí, allí están, bajo el dorso de una servilleta olvidada en la mesa de un rústico Café Árabe. Ahora , el amante y la amada se observan minuciosa y eróticamente antes de lanzarse al ataque final de la posesión: podía ser bajo la espesa lluvia o ante las vibrantes hojas de las palmeras. La Ciudad Árabe puede escoger, si le place, las tumbas recién abiertas, o entregarse entre las dársenas cuando la noche se alimenta de engañadas niñas prostitutas. Larry es el pájaro salvaje que se anida en los huecos de las dunas para salvar su soledad ¡Ho, Alejandría!... ¡Cuánto te amo! Cavafis se envolvió con ella, y Mahfuz se adentro en la fortaleza de su alma, pero Durrel la convenció poniendo la boca en su corazón:
            Es imposible confundir a Alejandría con un lugar placentero.
            Los amantes simbólicos del mundo helénico son sustituidos por algo distinto
            algo sutilmente andrógino, vuelto sobre sí mismo. Oriente no puede disfrutar
            de la dulce anarquía del cuerpo, porque ha ido más allá del cuerpo (...) 
            Alejandría es el más grande lagar del amor, escapan de él los enfermos,
            los solitarios, los profetas, es decir todos los que han sido profundamente
            lastimados en su sexo.       
 
Lawrence Durrel, un día feneció sin es un muerte lo tocara; pero su muerte se asume con nostalgia y honor, porque nos alimenta  de vida eterna, se  queda con nosotros en cada filamento, en cada glóbulo de nuestra sangre: su tumba es el corazón humano.
Mientras tanto, ahora mismo, la vieja y decrépita Inglaterra, continúa impertérrita ante la muerte de este noble caballero, ella continúa como siempre, sin remedio: drogada por su propia bruma... Adiós, querido Larry.    


Publicado el: enero 22, 2009

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