Todos los nombres
Don José es un empleado apático del Registro Civil. Es un hombre solitario que vive en el departamento
que está junto al Registro, por lo que también hace las veces de portero. Una puerta lo comunica, esto le permite entrar fuera del horario laboral para cumplir con su pasatiempo, lo único que hace en la vida aparte de trabajar: colecciona recortes sobre personas famosas. Una actriz, un obispo, cualquiera que sea diferente a él, que es un perfecto don nadie. Con esos recortes arma una ficha, y a esa ficha la completa con datos que saca del Registro durante la noche, cuando el establecimiento está a oscuras. Aunque hace algo que sabe que está prohibido, don José es cuidadoso y meticuloso en dejar todo en su lugar para evitar sospechas y no generarse problemas. Y todo iba bien hasta que por casualidad en una ocasión, buscando los datos de algún famoso, da con el registro de una mujer anónima. Una mujer que parece no haber existido, pero que sin embargo ha dejado un certificado de defunción. Entonces don José se obsesiona con la mujer, y con la búsqueda de su pasado. Por busca su tumba, y hasta los datos en el colegio al que la mujer ha asistido, y por último revuelve todo el Registro, ya sin tanto cuidado, con el único propósito de saber quién era. En tan obsesionada búsqueda cometerá errores que bien pudieran costarle la cárcel, como entrar al colegio de la mujer en medio de la noche de manera furtiva. O se distrae en el trabajo, trabaja menos y mal, y hasta llega tarde, lo que bien podría costarle el puesto.
Don José, contrariamente al título de la novela, es el único nombre que aparece, lo que es otra genialidad del Nobel portugués José Saramago. En esta historia el brillante escritor, con su estilo lineal característico, se mete de lleno en las entrañas de la burocracia, y hace una denuncia no panfletaria de lo que son las administraciones públicas. Contada con precisión, “
Todos los nombres” es una novela actual, fuerte y para reflexionar.
Mi calificación: “Muy buen”.
Mi recomendación: Saramago no usa puntos apartes, o guiones de diálogo, y casi no existe la división en capítulos, esto hace que la lectura se torne densa. A pesar de esto la novela es de una enorme virtud, por eso mi recomendación leer tranquilo y tener paciencia.
Otro libro del mismo autor:
El evangelio según Jesucristo.