“A veces pienso que la gente se hace yonqui (drogadicto) sólo porque su subconsciente anhela un poquitín de silencio”. Tales
son las cavilaciones se Rent Boy, uno de los tantos protagonistas de este libro,
Trainspotting, que habla sobre todo de la condición de aquellos enganchados en las drogas duras. La
novela es una conexión de pequeños
relatos entrelazados que retratan las desgracias del SIDA por compartir agujas, los sufrimientos de aquéllos que desean dejar la droga sin conseguirlo, la violencia gratuita (o tal vez no tanto) de los que se sienten perdidos sin remedio en ese mundo loco.
Se hacen muchas referencias a situaciones propias de los escoceses e irlandeses, sobre todo aspectos del futbol, de apodos, de protestantes contra católicos, del gran desempleo provocado por las políticas neoliberales de Magaret Tatcher, etc.
Los personajes de este universo vagan por la vida sin esperanza alguna y su único propósito es conseguir la droga para cuando se presente el siguiente “bajón”. Me impactaron sobre manera el relato del sujeto que se inyectaba la heroína en las venas del pene por no tener más disponibles, y el del que muere solitario en su cuarto por las cagarretas de su gato.
Realmente es un libro sin esperanza y si estás muy deprimido mejor no lo leas. Para los demás, se los recomiendo ampliamente.