¿No te dan ganas a veces de mandar todo al diablo e irte bien lejos? Eso es lo que hizo Susana. Una buen día surgió la oportunidad
de irse becada a Estados Unidos como escritora, y se lanzó dejando a Eligio, su marido, sin avisarle y sin nada, de un día para otro. En
Ciudades Desiertas, de
José Agustín, vemos retratadas todas las relaciones de pareja que por alguna causa caen en la rutina, el aburrimiento o el conformismo compartido. José Agustín siempre imprime a sus historias el tono jocoso y sensualón que tanto me gusta, y en Ciudades Desiertas no es la excepción.
También tenemos aquí el choque de culturas o más bien, la mezcolanza. Al llegar al centro de escritores de un pueblito no lejos de Chicago, Susana tiene como compañeros de beca a gentes de muchos países que, como ella, buscan encontrarse a sí mismos en la tierra del dólar. Están los gringos, siempre formales pero fríos y distantes, el peruano, el argentino, el polaco hostil con quien Susana tiene una extraña y recurrente relación sexual, los chinos, la filipina, etc.
Siempre como fondo la nieve y el frío del norte, que de alguna manera simboliza la distancia física y espiritual que se abre entre Susana y Eligio, y entre cualquier pareja del mundo, el libro transcurre entre episodios chuscos, a veces trágicos, siempre interesantes. Eligio finalmente se da cuenta dónde está Susana y sin pensarlo va a buscarla, sólo para comprobar que su mujer ya no es la misma que vivía con él en México. Es otra y Eligio ya no está seguro de seguirla amando.
José Agustín tiene la extraña capacidad de hablar de temas profundos como el amor y la soledad pero con malas palabras y situaciones aparentemente intrascendentes. Te recomiendo mucho este libro.