“Emma” es una de las lecturas más entretenidas de Jane Austen que sigue la transformación de una obstinada,
aunque bienintencionada, joven en una persona perspicaz y más sabia que también se las arreglará para encontrar el verdadero
amor en el camino.
La pasión de Emma es la de casamentera, pero adolece de la cualidad que toda buena alcahueta debe poseer a toda costa: profundizar en el carácter y los motivos de las personas.
La novela comienza con Emma Wodehouse y su padre contemplando la
boda de la institutriz de Emma, la Señorita Taylor, con un caballero rural, el Señor Weston, quien afortunadamente reside en la misma localidad. Emma cree que su intervención en el arreglo del enlace no fue pequeña y se vanagloria a si misma pensando que es una casamentera de nacimiento.
Más tarde, ella prueba sus habilidades con su amiga Harriet y el vicario local, el Señor Elton, con desastrosas consecuencias. Harriet, ilegítima, bonita, y tontorrona está absolutamente bajo el hechizo de Emma. Con la mejor de las intenciones, Emma trata de hacer a Harriet más culta haciéndola cortar con los amigos de una clase más baja y alentándola a aspirar a hombres elegantes de mayor clase. Al hacer eso, Harriet casi pierde a sus más sinceros amigos, los Martin.
Éste no es el único paso en falso de Emma. Ella también imagina que el hijo del Señor Weston, Frank Churchill, está enamorado de ella y no es reacia a un pequeño e inofensivo flirteo con él o incluso a algún peligroso cotilleo sobre su rival de la infancia, Jane Fairfax, la talentosa sobrina de sus vecinas las Bates.
A primera vista puede parecer que Emma está cayendo en un error tras otro porque no está leyendo los signos del amor correctamente. Esto puede ser cierto, pero sólo en parte. Los mismos hombres parecen prestar atención a algunas mujeres (más atención de la que era, al parecer, adecuada en la época) y enviar ambiguas señales. Por lo tanto, es más probable que Emma no estuviera leyendo apropiadamente el carácter de los hombres, mientras se las arreglaba para encontrar las señales correctas. Esto la lleva a todo tipo de enredos que hacen avanzar el argumento y proporcionan al libro su dosis cómica.
Mientras Emma está ocupada echando a perder enlace tras enlace, el Señor Wodehouse está demasiado preocupado con sus enfermedades imaginarias como para poner a su hija en el camino correcto. Además, Emma había estado acostumbrada a conducirse por sí misma desde que su madre murió y su hermana mayor se casó. Solamente el buen amigo de los Wodehouse, el Señor Knightley, se atreve a encontrar faltas en Emma y trata de corregir su comportamiento. Le advierte a ella sobre su influencia en Harriet, su indiferencia a la bondad y el buen sentido de los Martin, su maltrato a Jane Fairfax y a la tía de Jane, la Señorita Bates, y su total arrogancia. Emma, aunque no demasiado conforme con esta crítica, tiene la suficiente sensatez como para tomar el consejo del Señor Knightley seriamente. Es esta buena disposición a darse cuenta de sus faltas y cambiar, lo que la impide aparecer como una despreciable esnob. La firme, aunque lenta, iluminación de Emma hará que muchas piezas del rompecabezas sentimental acaben encajando hasta el punto de que, no sólo sus amigos, sino ella, también, encontrará el partido acertado.
Ambientada en la ficticia ciudad inglesa de Highbury a principios del siglo XIX, la novela es un interesante esbozo de la clase media alta de la época y de su relajada forma de vida. Al igual que el hábil artista expresa la atmósfera y los matices de la estación, el carácter y la emoción con unas pocas pinceladas, Jane Austen ambienta la escena, desarrolla la historia y los caracteres y expresa las relaciones personales y de clase sin profundizar en el entramado psicológico ni sacando a la luz los motivos más arraigados. Son los incidentes y el diálogo los que hablan todo el tiempo.
El libro se sitúa en algún lugar entre el minucioso entretenimiento de la deliciosa primera novela de Austen, “Orgullo y Prejuicio”, y la moralista “Mansfield Park”. Del libro, Jane Austen dijo: “ Estoy realmente angustiada con la idea de que a aquellos que prefirieron Orgullo y Prejuicio, les parecerá inferior en ingenio, y a aquellos que prefirieron Mansfield Park les resultará menor en sensatez”. Sin embargo, siglos después de que la novela fuera escrita, Emma continúa encantando a los lectores.