Ray Smith es un estudiante tanto en las aulas universitarias como en las carreteras de la vida. Junto a sus compañeros de
universidad, leen poesía de Pound, hablan y hablan hasta la exasperación intelectual. Suben a montañas, viven los deliciosos placeres de la vida al aire libre. Ray Smith recorre San Francisco y entiende su vida como la de un testigo que tiene la misión sagrada de registrarlo todo y atestiguar que a pesar de todo lo cruel y de toda la ignorancia de la gente: la bondad existe.
Smith siempre busca la soledad como medio único para experimentar el conocimiento ese que subyace en sus profundos y dilatados vagabundeos intelectuales, pero pronto reconoce que tiene que regresar a la civilización.
Al igual que los surfistas empedernidos, que no pueden pasar mucho tiempo lejos de las olas, Smith no puede pasar mucho tiempo dentro de la sociedad ni mucho tiempo completamente lejos de ella.