CAPITULO 18. La narración es en primera persona, desde el punto de vista del personaje de la mujer de Bloom, pero de una
manera tan audaz que lo hace todo muy difícil de seguir, aunque verdaderamente efectivo y brillante: no hay ni un solo punto ni una coma y sólamente siete apartes (sin punto). La narración salta de un tema a otro vertiginosamente, en algunos casos para luego volver o intercalarse en mitad de algún otro tema, tratando de imitar el flujo del pensamiento de una persona y especialmente, en el momento en que está en la cama tratando de dormir. El monólogo además destaca por su sordidez y descaro sexual. Molly Bloom recuerda sus amantes pasados y presentes (entre ellos, uno que acababa de dejar la cama cuando llegó Bloom), sopesa con desdén su convivencia con su marido, recuerda sus años mozos en Gibraltar y Andalucía, se tira un pedo, se mueve en la cama y empieza a sentir el flujo de su regla de ese mes. Molly sabe que Bloom se trae algo entre manos con alguna amiga, pero no le importa mucho: ...”si no es eso habrá sido cualquier putilla con la que se ha enredado en algún sitio o la ha pescado a escondidas si le conocieran tan bien como yo sí porque anteayer estaba garrapateando algo como una carta cuando yo entré en la salita a por cerillas para ense arle lo de la muerte de Dignam en el periódico como si algo me lo hubiera dicho y él lo tapó con el secante...” El capítulo, gracias a las referencias pícaras, resulta en algún momento especialmente gracioso, como cuando recuerda una confesión de jovencita: “...eso de la confesión cuando iba al padre Corrigan me tocó padre y qué tiene de malo si me tocó dónde y yo dije en la orilla del canal como una tonta pero en qué sitio de tu persona hija mía en la pierna detrás arriba era sí bastante arriba donde uno se sienta sí oh Se or no podía empezar por decir culo y terminar de una vez...” Poco después Molly muestra su morbo por los curas: “....me gustaría que me abrazara uno con sus vestiduras y echando ese olor de incienso como el Papa además no hay peligro con un cura si una está casada él tiene cuidado de sobra por él mismo luego dar algo a S. S. el Papa como penitencia...” Las referencias sexuales, además de abundantes, son de lo más explícitas y escabrosas y Molly escarnece crudamente a su marido y le echa culpa de ser como es.