CAPITULO 15. Este capítulo se compone exclusivamente de diálogos de los diferentes personajes, precedidos de su nombre a
la manera de texto teatral o cinematográfico, y acotaciones de los movimientos de cada uno. No obstante, no es una narración realista sino que se mezclan los movimientos y diálogos reales de los protagonistas con una especie de alucinaciones o sueños o personificaciones de situaciones e ideas que les asaltan. Por un lado los soldados Carr y Compton y por otro Stephen Dedalus entran en el barrio de putas de Dublín. Éste lo hace pronunciando palabras en latín, parodiando los ritos católicos, y dice ir en busca de Georgina Johnson. Bloom entra en una charcutería y sale con un paquete de vísceras de cerdo que guarda en sus bolsillos. Llegando a la zona de prostíbulos se encuentra (psíquicamente) con su padre y su madre y también con su mujer. Luego, con la chica a la que le vio las bragas, que le reprocha haber visto “todos los secretos de mi cajoncito del fondo” y con una amiga de su mujer, la se ora Breen, que le amenaza con contarle a la parienta el lugar donde le ha encontrado. Luego se parodia un juicio en el que Bloom es acusado por tres mujeres de haberles hecho proposiciones de caracter sadomasoquista en cartas anónimas. Uno de sus amigos J. J. O’Molloy actúa como defensor diciendo que es “un pobre inmigrante extranjero”, que lo que hizo fue debido a una “momentánea aberración hereditaria” y que “es de origen mongólico e irresponsable de sus acciones. De hecho, no existe en absoluto”. El presidente del tribunal le condena a la horca. Bloom se deja conducir por la puta Zoe al interior del prostíbulo donde está Stephen Dedalus. Zoe le pregunta si es su padre y mete la mano en su bolsillo y saca una patata que Bloom lleva como amuleto y que le pedirá que le devuelva unas páginas después. En otra alucinación, Bloom es coronado rey de la nueva Bloomsalén, habla sobre su programa de gobierno y actúa como juez. En otra alucinación aparece Mulligan como doctor especialista en sexología y le declara “virgo intacta” mientras otro supuesto doctor dice que va a ser madre, a lo que Bloom responde: ¡Ah, tengo tantos deseos de ser madre!”. Bloom encuentra a Stephen borracho y en compañía de Lynch y de otras dos putas, Kitty y Florry, a los que se une la madama del local, Bella. Hay una alucinación donde Bloom aparece como mujer y se dice que Bella “se desnuda un brazo y lo sumerge hasta el codo en la vulva de Bloom”. Stephen se queja de que la mujer que buscaba, Georgina, no está, y Zoe aclara que se ha casado con un viajante. Como le ve tan borracho, (“ha estado bebiendo un poco más de lo conveniente —dirá Bloom más adelante—. El ajenjo, el monstruo de ojos verdes), Bloom le recoge el dinero para que no se lo roben. Bloom habla de una caída que tuvo de pequeño, con dieciséis años, “hace veintidós” (por lo que nos enteramos de que tiene treinta y ocho), a lo que Stephen responde que él también tiene veintidós años. Zoe pone en marcha la pianola y baila con Stephen, quien a continuación baila vertiginosamente con las otras dos putas. Se aparece ahora a Stephen su madre muerta y su amigo Mulligan vestido de payaso. “Dijeron que yo te maté, madre. Él ofendió tu memoria. Fue el cáncer, yo no. El destino”. Mulligan repite como un bobo: “se ha muerto como una bestia”, “Kinch mato a su cuerpodeperro, cuerpodeperro”. La madre dice que reza por él en el otro mundo y que le diga a Dilly que le haga todas las noches arroz hervido. Con sus movimientos, Stephen rompe una lámpara y Bella se la quiere cobrar a un precio abusivo, que Bloom discute. De vuelta a la calle, se topan con los soldados Compton y Carr, que se empeñan en que Stephen ha insultado a una puta que está con ellos (Cissy Caffrey, una de las tres jovencitas que aparecían en la playa en el capítulo 13, al parecer menos inocentes de lo que parecían). Stephen, en lugar de aplacarles, les irrita más, a pesar de los consejos de Bloom. El soldado Carr pronuncia divertidas amenazas: “Yo le voy a retorcer el pescuezo al maricón que diga una palabra contra mi puñetero rey”. En otra ensoñación, Mulligan y Haines aparecen vestidos de cura. Introibo ad altare diaboli, dice Mulligan, mientras que del segundo se dice que “levanta muy en alto las enaguas del celebrante, mostrando sus nalgas desnudas, grises y peludas, entre las cuales está encajada una zanahoria”. Lynch se desentiende de Stephen diciendo a Bloom: “Llévesele usted. A mí no me hace caso”. Instantes después, el soldado Carr, después de reiteradas amenazas, golpea a Stephen que se cae al suelo. Bloom le recoge, sostiene ante un guardia que ha sido golpeado sin provocación y se marcha con él en busca de un coche. En los diálogos a veces intervienen objetos que hacen el rol de personajes y hablan: El Abanico o Las campanas o incluso El Fin del Mundo. Algunas acotaciones describen hechos que no sólo son ensoñaciones sino que además son hiperbólicas hasta la imposibilidad más absoluta.