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Síntesis y críticas breves

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Ulises, capítulo 12

por : Martin Lucas Perez    

Autor : James Joyce
CAPITULO 12 Este capítulo está narrado en lenguaje coloquial (incluyendo una pequeña cantidad de tacos y de expresiones típicamente
de apoyo conversacional, como “Vaya, como que te lo estoy contando) y en primera persona por un personaje secundario (un cobrador de deudas cuyo nombre se omite), que parece poner al corriente a unos amigos de los hechos que acaba de presenciar durante las últimas horas y que concluyen con un incidente en que se produce un cruce de palabras entre Bloom y el llamado Ciudadano (nacionalista irlandés). Además, el relato está intercalado por parrafadas impersonales a manera de parodias de textos de contratos, noticias de periódicos y en general narraciones pomposas, a cuenta de lo que se va expresando en la narración. El narrador se encuentra con un tal Joe (“Me doy la vuelta para echarle una buena encima cuando a quién veo vagueando por Stony Batter sino al mismísimo Joe Haynes”) y deciden ir a tomar algo porque el alcohol les va (“No tomo nada entre tragos”, responde el narrador a la pregunta de que si es un abstemio riguroso). Entran en la taberna Barney Kiernan donde encuentran al llamado “el Ciudadano” y comienzan una charla a la que se van uniendo varios personajes que entran. El llamado Alf Bergan entra jugueteando y les enseña una cartas que trae, llenas de faltas de ortografía, que resultan ser de verdugos que ofrecen sus servicios a la autoridad. Comentan la muerte del enterrado esa mañana, que alguno todavía no podía creer. Bloom aparece por el local, levantando previamente comentarios despreciativos del Ciudadano. Cuando los otros comentan el hecho de que los ahorcados sientan una erección, Bloom explica las bases científicas para que eso ocurra. La narración integra todos los elementos con habilidad. El Ciudadano hace un brindis por los caídos “mirando a Bloom con ojos llameantes” y por el Sinn Fein: “Los amigos que amamos están a nuestro lado y los enemigos que odiamos están frente a nosotros” (pág. 327). El tal Joe, que ha sorprendido a todos pagando la ronda, le dice al narrador y a Bloom que si se tomarían otra. “¿Sabría nadar un pato?”, responde el narrador. Bloom, en cambio, rechaza y dice que sólo había entrando buscando a Martin Cunningham para tratar un asunto del fallecido Dignam, que al parecer no dejó los papeles en orden y en rigor no tiene póliza en vigor. A cuenta de uno de los temas sacados a colación, Joyce intercala una parodia de un diálogo entre parlamentarios, a manera de acotaciones teatrales (los nombres de los políticos son Sr. Cuatropatas, Sr. Bromapesada, etc.).  El narrador, escuchando que Bloom habla sin parar sobre cualquier tema que se saca a colación (en este caso, sobre deportes típicos de Irlanda), comenta que “si uno recogiera una paja del jodido suelo y le dijera a Bloom: Mira, Bloom, ¿ves esta paja? Esto es una paja, lo aseguro por mi abuela que sería capaz de hablar de eso durante una hora seguida sin acabar el tema” . A continuación, Joyce inserta una parodia de noticia de sociedad que habla de “una interesantísima discusión” que tuvo lugar en ese local sobre “el resurgimiento de los antiguos deportes irlandeses”. En otro momento, sale a colación la gira que está organizando Bloom para su mujer. “Sí, una especie de gira de verano, ya comprenden. Solo una vacación”, contesta él. Bloom, a quien el narrador ve en cierto momento hablar excitado “con su jeta de color panza de burro y sus viejos ojos de ciruela dándole vueltas”, se declara perteneciente a una nación que es Irlanda aunque también a una raza “que es odiada y perseguida. También ahora. En este mismo momento. En este mismo instante”. Luego, sale diciendo que va al juzgado en busca de Cunningham, aunque los parroquianos de la taberna comenta que en realidad va a cobrar una apuesta. Por primera vez la narración de Joyce pierde los puntos y las comas cuando el narrador comenta que se fue durante un momento al servicio: “Adios Irlanda que me voy a Gort. Así que me doy una vuelta al fondo del patio a a hacer aguas y coño (cien chelines por cinco) mientras que estaba yo (Por ahí veinte a) estaba yo descargando coño me digo yo...” Cuando sale del baño, el narrador encuentra que la declaración irlandesista de Bloom ha suscitado el comentario de toda la taberna. Llega Martin Cunningham al local, “el hombre que se lo puede contar todo” (sobre Bloom) y se siguen haciendo comentarios sobre él. Uno comenta sobre los judíos que “cada niño varón que nace piensan que puede ser su Mesías. Y creo que no hay judío que no se ponga terriblemente nervioso hasta saber si es padre o madre”. Se ironiza incluso sobre la hombría de Bloom: “Bueno, de todos modos, le han nacido dos chicos”, dice Jack Power. Y el Ciudadano replica, caústico: “¿Y de quién sospecha él?”. Bloom regresa a la taberna y antes de marcharse con Cunningham, el Ciudadano le provoca y tiene lugar un altercado, en el que uno lanza al otro “las maldiciones de Cromwell, campana, libro y vela en irlandés” y el otro lanza “tres vivas por Israel” mientras Cunningham intenta que el coche se ponga en marcha y se vayan de ahí.
Publicado el: junio 23, 2008
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