CAPITULO 11. Narración en tercera persona que deja paso al monólogo interior en los momentos en que aparece Bloom. El capítulo
se desarrolla, a la cuatro en punto, en el bar del Ormond, donde las dependientas señoritas Douce y Kennedy, que Joyce insiste en llamar Bronce y Oro, mencionan en su conversación a Molly Bloom y se extrañan de que pueda estar casada con un hombre como Bloom, “¡casada con esa nariz grasienta!”. Bloom, que trae el libro erótico y sigue dando vueltas a su negocio con el señor Llaves y a la respuesta que debe dar a la carta de la tal Martha, se sienta a comer algo mientras el resto de los parroquianos, entre los que se encuentra Simon Dedalus, cantan y tocan el piano. Lenehan dice a Dedalus que acaba de ver a su hijo y éste le comenta que últimamente su hijo no frecuenta compañías muy selectas. Dedalus, además, en el curso de su conversación hace una irónica y picante alusión a la mujer de Bloom: “La señora Marion Bloom siempre se ha quitado de encima toda clase de trajes”. Bloom se embebe en consideraciones sobre su carta a Martha, a la que llega a ver, entusiasmado además por la música que le está llegando de los otros, como la salida para su vida: “Un solo amor. Una sola esperanza. Un solo consuelo para mí. Martha, do de pecho, regresa”. En este capítulo, los juegos con las palabras, a base de superposiciones y reiteraciones, se hacen más insistentes. Grasientobloom, el infinitonitonitonito..., aldemoniofueradeahí, su pelo ondulondulondulanbundondulante sin peinar, etc. O también, de otro tipo: “La señorita voz de Kennedy contestó, una segunda taza de té en vilo, la mirada en una página (...) La señorita mirada de Kennedy, oída no vista, siguió leyendo” .