Una treintena de muchachos ingleses se ven de repente solos en una isla, sin adulto alguno que les imponga
normas. Al principio todo parece maravilloso. Se sienten libres de cualquier represión y se pueden dedicar al ocio a su antojo, sobre todo dándose chapuzones en el mar. Ralph sabe que hay que organizarse y le habla al grupo de la necesidad de mantener una hoguera encendida si quieren ser rescatados. Todos votan por él y nombra al jefe del coro, Jack, como el encargado de mantener la hoguera. Sin embargo, nadie cumple las tareas. Como niños, se dedican al juego y al ocio. Aparece la amenaza de un monstruo, el que al final no son sino ellos mismos. Ralph toma la caracola (símbolo de poder y civilización) para organizar una y otra vez una asamblea. Todo es inútil. A Jack sólo le interesa cazar jabalíes. Un barco pasa y la hoguera está pagada. Así nunca podrán ser rescatados. Jakc se obsesiona cada vez más por el poder. Arma su propia tribu y desobedece a Ralph. Los antes civilizados ingleses se convierten en unos salvajes. En medio de una danza macabra aesinan a Simon y luego hacen lo mismo con Piggy, el pequeño gordo, el único que se mantiene centrado, a pesar de sus temores, en toda la historia. Ralph es perseguido cruelmente y, a punto de ser asesinado…. Una
novela que cuestiona al lector y a toda una cultura que se dice civilizada. ¿Qué tan humanos o salvajes somos? Quién sabe. Quizá sólo en una isla desierta podamos descubrirlo.