El protagonista de esta
novela adolescente parte diciendo que no hubiera imaginado nunca que ese verano iba a ser tan distinto,
y así lo fue, en plena
adolescencia Alex viaja de vacaciones a Quinteros, ahí pasa sus días de verano nadando en la playa hasta que una joven en un bote llama su atención, era Francisca, hija de los dueños de un circo. El primer avistamiento fue en la caleta, donde Francisca venia en un bote de pesca. Todo parecía un dulce enamoramiento de verano, pero Alex llevó a que ese amor a primera vista se convertiera en la historia de amor más bella de toda su vida, se relacionó con la dulce y algo rara Francisca, se ganó el cariño de los padres de ella que estaban incómodos con la presencia de Alex en la vida de hija, todo esto entretejido por una triste razón. Alex decide no volver a Santiago a estudiar. Decide escapar y unirse al circo al que pertenecía Francisca, ella enamorada permite que Alex trabaje en el circo pretendiendo que su historia de amor no acabara nunca. Hasta que un día en el circo a francisca le da un ataque de epilepsia que para esos años no estaba muy controlado. Recién ahí Alex comprende por qué los padres de Francisca no querían que se involucraran, Francisca perdía la memoria a corto plaza cada vez que sufría un ataque, por lo tanto no recordaría los ultimos meses vividos junto a Alex, y tal como le dijo su padre , la confusión le hará daño. Alex un poco aturdido dejó al amor de su vida mientras ella dormía. Los años pasaron, Alex nunca volvió a visitar un circo hasta que sus hijos le insistieron que fueran, el circo tenía ya otro nombre, y al final de la función Francisca aparece vendiendo naricez de payaso, los hijos de Alex insisten en tener una, Francisca confundida le pregunta a Alex su nombre, y el le da el nombre de su hijo, recordando que la confusión le haria daño, ya no importaba Francisca vivia en sus recuerdos del día a día, era el amor de su vida, su mayor tristeza, su nostalgia.